No puedes besar al mármol

por Ariadne Gallardo Figueroa

El maestro se dispuso a arremeter con poder sobre la pieza de mármol que tenía al frente, la miró con avidez sosteniendo el cincel y el marro para dar forma a esa fría pieza frente a él; sintió en anhelo de un cuerpo dentro de esa dura piedra que le miraba sin ojos y le instaba as descubrir aquellos contornos que solamente imaginaba.

Apagó las luces del estudio y con una lámpara recorrió los contornos de la roca blanquecina con vetas grises y adorables curvas, imagino que su cincel se adentrará en cada espacio para vulnerar su contorno y conciliar sus anhelos y sueños en la pieza indolente.

Con elocuencia grito:

 ¡Hágase la luz!

El cincel acarició con suavidad esa veta precisa que le daría inicio a un momento apasionado que solo él podía entender. Su mente estaba en sus manos y su habilidad para domar las formas abruptas del mármol.

El escultor se dijo: No puedo besar a mi creación, caería rendido a su poder, fulminado en su potente fuerza, en ella coloco todos mis sueños y mis pasiones

Embelesado, suspendido en ese clímax creativo imagino su trabajo terminado, no era el momento de verlo pleno y detallado, necesitaba tiempo y paciencia, agotado y sudoroso se dijo para sí mismo:

No puedo besar a mi creación, caería rendido a su poder, fulminado en su potente fuerza, en ella coloco todos mis sueños y mis pasiones y será una pieza más en un sitio del mundo donde otros encontrarán sus propios puntos de referencia, jamás los que yo me guardo para mi.

En el silencio de mi frenética búsqueda de sus formas, la roca le hablaba y le guiaba y no bastaba la técnica para definir el bosquejo, el creador no puede limitarse a la habilidad técnica.

Pasadas varias horas decidió suspender el trabajo y soñar con el siguiente día y ese encuentro creativo que le daba vida para despertar cada mañana y decirse:

¡La vida es hoy, muéstrame lo que hoy tienes para darme!