¿Qué ha sido de la magia, la historia y sus creencias?

Los inicios 

El Puente, Segundo Capítulo

por Ariadne Gallardo Figueroa

Ana Perez Riv, con su hospitalidad característica dio muestras de ser una excelente anfitriona, al dejar en sus habitaciones a cada uno de sus invitados, se retiró a sus alcoba con el alma estrujada y analizando cada parte del trayecto que como humanidad hemos recorrido.

Recordó la sangre de los sacrificios humanos en su pueblo ancestral, ofrendas vivas para los dioses con la finalidad de acallar sus voraces instintos, los ahorcamientos como ofrendas a Odín  que formaban parte de la cultura ancestral de su entrañable amigo y colega Zila. Ese proceso lento que tuvo que ser envuelto en creencias y dogmas para que la gente entendiera un tipo de moral al que no estaban acostumbrados.

Contemplar en la distancia la travesía que los diferenciaba de los eggyanos, no era algo justo y tampoco plausible, pero ellos se vieron envueltos en la imperiosa necesidad de sacrificar por decirlo de alguna manera a sus habitantes para salvarse del caos. Ana pensó que tal vez mirando a la distancia sus antepasados también pensaban igual que el mundo terminaría si no se hacían esas ofrendas y se sintió confundida. 

Entonces exclamó para sí:

<Si los errores, las premuras, la ignorancia que se nos presenta en el camino pudieran contar con un punto de comparación que nos ayudará a reflexionar, tal vez todo sería diferente; pero nadie llega del futuro y te dice que ésto ya lo vivieron y que es el momento de meditar en el camino andado, hasta ahora.>

En otra de las habitaciones donde se encontraba Zila y su amada Citlali, tampoco el cansancio les había rendido, sus cabezas meditaban lo que habían escuchado de los eggyanos y Zila se abrazó con fuerza al cuerpo de su mujer embarazada y pensó para sí con lágrimas en los ojos:

< ¡No sé qué haría si perdiera la oportunidad de ver crecer a mi bebe y si perdiera la luz de mis ojos! >

Citlali le preguntó:

— Amor, ¿Ninguno de ellos sabía que ese cuerpo ambarino quedaría formando un escudo para las futuras generaciones, su dispersión habrá sido cohesionada por algún Drieden en especial?

Zila acarició el cuerpo de su amada Citlali y le dijo con ternura:

— Amor, eres muy perspicaz, tal vez la idea surgió de los maestros ascendidos, el ejército de éter color carmesí, el tono de la piedra filosofal hace centurias que comanda una fuerza de unidad extraordinaria; a veces me quedo meditando si el nombre adecuado es ejército celestial, ya que se encargan de operaciones de defensa estelar; bien tal vez los eggyanos hayan encontrado un nombre cuyas connotaciones no describen un cuerpo bélico.

Citlali argumento con delicadeza:

— Tal vez amado mío la simbología del ejército de defensa sea esa, pero sin duda tengo curiosidad si el pensamiento mágico en tal sentido tuvo influencia entre los ambarinos, buena pregunta, ¿Verdad?

En otra de las habitaciones donde se encontraban Yilia y Taige, desde luego que las conversaciones formaban parte de la vigilia, para ellos era mucho más sencillo permanecer despiertos, una parte de su cerebro podía dormir, mientras la otra trabajaba y se dividían las tareas de una forma muy dinámica.

Yilia argumento que el trabajo de las dendritas era muy agotador pero eficiente, lograr encontrar los términos adecuados para expresarlos, sin embargo admitió algo que sorprendió gratamente a Taige:

— Amada mia, si no fuera por el profesor Zila creo que la búsqueda de terminología adecuada me estaría costando mucho trabajo, él es muy receptivo, me sorprende cómo por sola intuición se dio cuenta que no puede reconocernos como cuerpos individuales, me daba la impresión que Zila logro percibirnos y me agrada muchos su actitud.

Por su parte Taige señaló:

— Su hija es muy receptiva, me causa gracia que a petición de la madre no han dado a conocer el género de la pequeña, pero su esposo Zila lo sabe desde hace tiempo y se queda callado por darle gusto a su mujer, me parece tan detallista.

Me parece extraordinario, su tenacidad para entrenar a seres normales para que aprendan a captar el mundo que los rodea desde una visión que se asemeje a lo que ellos llaman líderes místicos; es algo que nosotros no hicimos y de nos ser por la inserción de dendritas en cuerpos normales, no habríamos logrado llegar hasta este sitio.

Aún me pregunto si todos los que sacrificaron sus vidas por ayudarnos, de haber estado entrenados las hubieran salvado; aprender de otros lo que se pudo hacer me crea cierto cargo de conciencia por no haberlo pensado antes.

Yilia la miró con ternura y le respondió resuelto y mirándola fijamente:

— La respuesta la tienes dentro de tí, no todo era entrenamiento, también la capacidad para formar un equipo indisoluble que estuviera dispuesto a cooperar y brindarnos las herramientas adecuadas para salir adelante.

Regresamos a la habitación de Ana quien mantiene la mirada fija en el firmamento estrellado desde la ventana de su habitación y muy quedito se dice para sí:

<Macuilcalli, Tzompantli… El río de sangre que daba vitalidad al Tlatoani, la sangre y el corazón ofrendados jamás fueron entendidos por los sacerdotes, hoy su sentido cambia de perspectiva, libera a la humanidad del dogma y enlaza mundos desconocidos.

La antigua ciudad mexica de Tenochtitlan fue testigo del sacrificio de decenas de personas y la posterior colocación de sus calaveras en un estante como obsequio a las divinidades

No podemos mirar el camino recorrido con otros ojos, tuvimos que pasar por el infierno para entender la diferencia entre éste y el cielo; mi mundo no es del cielo divinizado y tampoco del infierno maldecido, es el canto del colibrí que en rápido aleteo comprende que las causas preceden a los efectos y jamás  de forma contraria.>

Ana de golpe entendió que el rumbo de la humanidad había llegado a un punto de quiebre donde avanzar con certezas, posiblemente sería más fácil:

<Al mirar hacia atrás las sendas que hemos recorrido no serán jamás las mismas y todo amor u odio  se vuelve distancia, se vuelve polvo.>

Grandes enseñanzas vistas desde diferentes perspectivas nos dan idea de hasta donde somos el espejo de los otros y cuando nos reflejamos en ellos.

Fotografía del Tzompantli azteca

Referencia bibliográfica: Libro Los hombres del norte de John Haywood, subtítulo de la introducción: La visión vikinga del mundo, pág. 23 Editorial Paidós versión traducida por Francisco García Lorenzana.

Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

Escribir es una de las actividades creativas más fascinantes que existe, indagar lo caminos de diferentes versiones, encontrar motivos para acrecentar el cauce de un relato y motivar a la lectura, es una gran motivación para todo el que escribe