Alunizaje exitoso del Mega Vector Egg III en la Estación Lunar Internacional

Capítulo El Puente 

por Ariadne Gallardo Figueroa 

Recordemos un pasaje de la primera novela: Galaxia de Cristal, cuando Tai necesita guardar su nave de la mirada curiosa, su estrategia para hacerse pasar por una terrícola era fundamental: Como jugando inició algunos procesos para la adaptación de su nave, en escala virtual en su monitor mientras reflexionaba sobre diversas posibilidades, pero no le agradó el resultado y terminó por  anular la propuesta. Simplemente siguió el proceso para resguardar su nave de todo curioso con algo que denominaba: 

Des-comprensión molecular, al menos era el nombre más apegado a las descripciones científicas terrícolas. El método para la eggyana se llamaba “depreciación material inversa o directa” y  sus aplicaciones sin duda eran múltiples, al menos para los científicos de Eggya.

En ese momento Tai reflexionaba:

< En el planeta raíz que fue mi hogar –suspiró mirando en lo alto y cerrando con tristeza y dolor los ojos- se perdió lo que más amaba, tal vez este sea el sitio que albergue futuro, no lo se jamás hay certeza. Es difícil hacer modificaciones en sitios ajenos al albergue de naves, al aire libre sería grandioso, pero no puedo despertar sospechas…>

¿Por qué les hago recordar esto? Bien al alunizar el Mega Vector Egg III, todos lo terrícolas que esperaban dentro del módulo de recepción quedaron altamente sorprendidos con la visión de la nave; su forma ovoide buscó un terreno lo menos sinuoso posible, ya que el destrozo provocado por la lluvia de meteoritos, impidió de forma total encontrar una superficie plana y cercana a la Estación Lunar Internacional.

De la nave brotaron dos tenazas a los lados que le permitieron equilibrarse en un suave reposo, su apariencia era la de un cangrejo. Entonces la nave inició un proceso que la convirtió en breves instantes en una nave de mayores dimensiones.

La exclamación de los terrícolas fue emocional y sorprendente, lo que veían ante sus ojos era muy difícil de asimilar; en ese momento Citlali le comentó a Jean Michael:

— ¿Recuerda jefe a aquel científico de los siglos XX y XXI que de forma terca y repetitiva estrellaba naves en forma de lápiz en la Tierra, contaminando y generando un gasto económico impresionante?

— Claro que lo recuerdo Citlali, su inteligencia lo hizo perder piso hasta que las gubernaturas internacionales le impusieron arresto domiciliario.

— No entiendo la prepotencia de los hombres cuando ven que la propia naturaleza alude a las formas circulares, exclamó con pesar Citlali.

Jean Michael giró su  mirada hacia una joven que en lo personal le fascinaba y en quien había pensado mucho cuando se vieron en peligro de perder la vida con la lluvia de meteoros; la mujer en cuestión era de baja estatura,con  un cuerpecito redondeado y apetecible para el francés, quien de forma instintiva comenzó a hacer girar la punta de su bigote hasta dejarlo afilado. Cuando observó que Citlali le miraba con picardía, retiró su manos del bigote y la miró con seriedad:

— Tal vez sea algo más que pura prepotencia, señora, pero la nave eggyana nos está mostrando algo único e innovador.

Siguiendo el protocolo sanitario de forma rigurosa, los jefes de las diversas ramas laborales y técnicas que se encontraban en la Luna recibieron a los eggyanos, Borisnov, Smith, Abdallah y Jean Michael les invitaron a pasar al salón de recepciones, disculpándose ya que las mesas habían servido para subir los monitores ante la situación de emergencia que habían experimentado.

El capitán Algyen reconoció que como alta prioridad deberían poner a trabajar su antena de comunicaciones y solicitó autorización para emplear su equipo de “ingeniería estructural”

Con un gusto emotivo e invadido por la curiosidad los jefes de estaciones casi al unísono respondieron que sí.

Observaron desde la ventana panorámica que se encontraba con cinta protectora para evitar su destrucción ante el embate de los meteoritos y el espectáculo fue sorprendente:

Los brazos robóticos de la nave eggyana se alargaron de tal forma que una tenaza quedará al frente de la antena que yacía en el suelo y otra detrás, el comandante Algyen durante el proceso informaba lo que estaba sucediendo:

— En este momento y gracias al proceso de depreciación material directa, podemos alargar los brazos robóticos para facilitar el trabajo, de la misma forma el proceso cambia de nombre a depreciación material inversa, cuando reducimos el volumen de los mismos.

Maravillados los trabajadores de las plataformas lunares, observaron como sin tocar la torre esta comenzó a subir y el brazo que se encontraba a sus espaldas la equilibró, al respecto Algyen comentó:

— No hay necesidad de tocar el equipo, un sonar de pulsos insta a los materiales a cambiar de posición. El mismo sonar de pulsos rodeará la estructura para devolverle la forma original, no necesitamos martillar o soldar, solamente en caso de que nos encontremos con zonas muy deterioradas.

De acuerdo al protocolo los jefes de plataformas, al igual que el personal en general usaban cubrebocas; a nadie nos consta pero es casi seguro que la mayoría estaban boquiabiertos ante lo que observaron.

Jean Michael agradeció con elocuencia el trabajo de los eggyanos, que fueron invitados a degustar una cena  preparada para ellos:

— Fuimos informados que ustedes después del prolongado viaje acostumbran ingerir alimentos de forma frugal, S’il vous plaît suivez-moi, j’espère que vous l’aimez

Durante la cena con habilidad diplomática Algyen sugirió que dadas las circunstancias de la torre, posiblemente se verían impedidos de llevar equipo o trabajadores a la Tierra de la forma acostumbrada y les ofreció el Mega Vector para los traslados que ustedes consideren  necesarios.

La mayoría de los trabajadores observaron el semblante iluminado de Citlali para quien la oportunidad de regresar al lado de su amado Zila y poder al fin colocar en su vientre a su bebé que la esperaba en una probeta, resultaba una oportunidad única.

Colaborar, en ocasiones es una de las acciones que más difíciles resulta cuando vemos al extraño como alguien de quien debemos defendernos antes de permitirle que nos enseñe lo que puede compartir.

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Nota de la autora: Para Tai el albergue de naves eran los estacionamientos en las ciudades terrícolas

Referencia bibliográfica: Libro Galaxia de Cristal, ISBN 9781980286844 de Ariadne Gallardo Figueroa Capitulo 1 Éxodo, Subtítulo: Un lugar para vivir.

Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

Escribir es una de las actividades creativas más fascinantes que existe, indagar lo caminos de diferentes versiones, encontrar motivos para acrecentar el cauce de un relato y motivar a la lectura, es una gran motivación para todo el que escribe