Citlali y la cabeza del Carnero

Capítulo El Puente

por Ariadne Gallardo Figueroa

Desde el centro operativo en la estación asgardiana en la Luna, todo era movimiento, los controladores de maquinaria robótica se aprestaban para sellar galpones y encadenar excavadoras; no era la primera vez que se presentaba una lluvia de meteoros de alta magnitud, pero conociendo los resultados, cada vez los esfuerzos por mantener a flote la industria de las diversas naciones que laboraban unidas allá, era  necesario e imprescindible.

Citlali veía a los hombres con los monitores ejecutando los brazos de sus robots, muchos de ellos los habían bautizado con nombres especiales, los consideraban parte de sus familias, sin duda de esas máquinas dependía el sustento y herencia que dejarían a sus hijos.

La coordinación de labores ya se encontraba al cien por ciento, el Perigeo alentaba las comunicaciones con la Tierra y todo indicaba que se tendrían buenos resultados.

Citlali colocó sus manos a los lados de sus caderas mientras organizaba y verificaba que cada uno de los obreros de la estación lunar estuvieran haciendo lo que se les indicaba.

Como un flashazo llegaron hasta ella las palabras de su amado Zila, aquellas que le dijo antes de que ella se subiera al transbordador para una nueva temporada de duro trabajo en la Luna:

< ¿Qué somos ante la poderosa galaxia y el universo, cuales son las probabilidades que tenemos de sobrevivir, existen atajos para apoyar los éxitos y resultados? >

El monitor de Julia comenzó a sonar, se presentaba una emergencia, el arrastre de cadena de la excavadora B impedía el cierre de la compuerta y no quedaba otro recurso que salir a la superficie y moverla.

Citlali se acercó a Julia quien con mirada deseperada le explicó lo que sucedía:

— El tirón que le di a la cadena no fue suficiente, no entiendo, pero no puedo maniobrar al siguiente paso.

Citlali la miró con el ceño fruncido y la tomó por el hombro:

— Continúa con la palanca de arrastre, mantén las manos en ella. Cuando escuches mi voz en la radio ponla a toda potencia, voy a salir.

Jean Michael la miró con disgusto y se negó a que saliera con la mirada y negando con la cabeza, Citlali solamente lo miró y le dijo:

— Jefe, ellos están a mi cargo y está dentro de mis funciones su protección y buen desempeño, es todo.

Jean Michael sabía que no la haría cambiar de parecer y la miro desaparecer en el elevador del centro de mando robótico.

La tenía por temeraria, ella se reía cuando le decían eso y solo respondía:

< Sí nací bajo la señal de la cabeza del Carnero, no tengo razones para  ser obediente>

Mientras tanto en la Tierra:

Zila se disponía a dar su clase, cuando alguien se colocó en el umbral de la puerta del modulo educativo:

— Estimado profesor Zila, ¿Me permite?

La mujer de menuda estatura, portaba un bastón con grabados tallados muy peculiares, para algunos eran decorativos y extravagantes, para los iniciados era sin duda algo muy significativo

Todos los estudiantes se pusieron de pie, era una deferencia que la decana Ana Pérez Riv visitara en persona sus instalaciones, Zila sabía que algo muy importante la colocaba precisamente a ella ante el salón de los jovenes aprendices; con una franca sonrisa la recibió con calidez.

La mujer de menuda estatura, portaba un bastón con grabados tallados muy peculiares, para algunos eran decorativos y extravagantes, para los iniciados era sin duda algo muy significativo, al verla pasar al frente y colocar aquel báculo en medio de su torso, más de uno de los estudiantes tragó con dificultad saliva al momento que ella con gran amabilidad les pidió que tomaran de nuevo sus asientos.

— Probablemente su profesor les ha hablado del rito dispersor y necesito saber cuantos de ustedes lo han practicado.

La mujer observó a los jóvenes estudiantes con esa mirada donde sus pequeños ojos negros parecían penetrar la mente de cada uno de los presentes.

Zila permanecía sereno observando a sus alumnos a un costado del aula, cuando miró levantarse de su asiento a Ofelia:

— Decana es uno de los rituales más complejos jamás realizados, nuestros logros han sido infructuosos y tal vez se haya debido al motivador que utilizamos, al menos son los resultados en los cuales coincidimos con el profesor Zila.

La mujer observó con detenimiento a Ofelia y asintió con la cabeza, esperando que alguien más tomara la palabra.

Mazym se puso de pie y argumentó:

— La base de ese ritual reside en explorar las cosas en su profunda esencia, exponer al poder oscuro y no siempre en la vida cotidiana es posible encontrarnos ante batallas de tal magnitud.

La decana lo observó con una leve sonrisa y señaló:

— Exactamente es por eso que necesito de la fueza del grupo y de todos aquellos comprometidos en ver lo que no es posible, tomando en cuenta que conocen la preparación previa, su profesor los llevará hasta el recinto, mañana a las 20 horas, sean puntuales.

La mujer observó a Zila y ambos con una inclinación de cabeza se despieron, todos se pusieron de pie en señal de respeto a la decana quien de reojo los observó y les entregó uan leve y cálida sonrisa antes de abandonar el aula.

Posiblemente ninguno de ellos era  consciente de lo que sucedería, pero todos estaban dispuestos a jugarse el todo por lograr lo impensable.

Diseño fotográfico “El báculo” de la autora

Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

Escribir es una de las actividades creativas más fascinantes que existe, indagar lo caminos de diferentes versiones, encontrar motivos para acrecentar el cauce de un relato y motivar a la lectura, es una gran motivación para todo el que escribe