Lo que ha creado el amor vive por siempre

Después de observar con detenimiento las palabras de Zila, para quienes han seguido la secuencia de los libros anteriores, es fácil adivinar que hay en su sangre algo especial que lo liga con los ancestros que iniciaron la magia e influyeron en las fuerzas del cosmos. Entonces, vale la pena preguntarnos: 

¿Quién es Zila?

Su nombre posiblemente es de origen hebreo, otros piensan que es de origen alemán, algunos lo escriben Zillah, otros Zilas y por supuesto los hay que deciden que su nombre es Zyla y éstos últimos no tienen razón ya que su nombre es Zila y no de otra forma.

Nació en el año 2250 el día domingo  16 de Diciembre, como asgardiano su fecha de nacimiento es el año 234,  llegó a la  vida terrestre el Sábado 7 del mes Capricornio.

Entre el Clan del Hechizo del Ave, hubo tres grandes amores, apasionados y entregados a lo que hacían, su amor trascendió el paso del tiempo, sin embargo solamente una pareja fue capaz de crear tal  descendencia y fortalecerla con el ánimo y espíritu de su Clan.

Pero es bueno ir por partes, el primer romance cuya elocuencia atravesó fronteras fue el de Sie y Amin, ellos no tuvieron hijos, pero se dedicaron a difundir y aprender las artes y misterios de Thot, posteriormente lo compartieron con aliados en Grecia y difundieron sus conocimientos en el culto hermético, cuya frase más valorada, al menos por Sie fue: 

Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra”

Y el enunciado que la salvó en aquella cueva húmeda que desembocaba al mar y jamás lo olvidó:

“Como es arriba, es abajo; como es adentro, es afuera”

Ahora recordemos el apasionado amor que sostuvieron el Maestro y Ellinor, la juventud de su esposa le permitió quedar embarazada en más de una ocasión, cada vez que aparecía un nuevo embarazo, él la rodeaba festivo y se deshacía en alabanzas y agradecimientos a Freyja por  su bondad y la dicha que le entregaba en cada nuevo hijo que disfrutaba gozoso y siempre enamorado de la ardiente Ellinor.

Esta pareja sufrió el dolor de perder a algunos de su hijos, aquellos que decidieron pelear con el Rey de Dinamarca y posteriormente se embarcaron en la travesía que los llevó a un nuevo continente, lo que hoy conocemos como América, la descendencia continuó y es muy posible que una rama de ese árbol genealógico sea el responsable de que en el año asgardiano 234, nos encontremos con Zila.

Zila es profesor de lenguas, filólogo y filósofo, escritor y académico de una reconocida universidad de ciencias humanísticas.

La historia jamás contada:

El amor del que muchos saben pero que en realidad pocos  tienen datos para comprobarlo es el de Ariadna, ella en su adolescencia fue una joven rebelde, impulsiva y se reunía con grupos contestatarios que no estaban de acuerdo con la política de la isla en Creta.

 Mantis no estaba de acuerdo con su amistad hacia un joven de nombre Teseo, ella le advertía que el muchacho había nacido en cuarto creciente y aunque la mirara de frente siempre iba a ser notorio que un lado estaba en la oscuridad y el otro iluminado, le repetía angustiada:

— Un hombre así no es de fiar, no es sincero del todo, no puede.

El día que organizaron una manifestación para derrocar al recaudador de impuestos, al que pintaron en la historia como un monstruoso minotauro,
Ariadna con decepción se percató que él se unió al grupo que logró un acuerdo provechoso con el Rey y abandonó el sitio al verse utilizada en ese ardid político.

Corrió hacia los cultivos de los labradores en señal de que ella no estaba de acuerdo con lo que había sucedido y llegó hasta un viñedo donde un hombre semidesnudo bailaba y cantaba pisando con alegría los frutos de sus viñedos.

Por alguna razón le encantaban las uvas ambarinas y traslúcidas y al salpicar estos frutos su cuerpo con el brillo del Sol le daban un radiante y luminoso esplendor; esta varón de nombre Dionisio la invitó a probar los delicados sabores de sus uvas y le colocó una guirnalda de parra en su cabello.

Cuentan los más ancianos de aquella época que una serena noche de verano mientras paseaban abrazados por sus viñedos Dionisio le dijo:

— Como es arriba es abajo, amada mía, ¿Ves tu diadema de toscas hojas de mi viñedo? Es la misma que se observa allá en el alto cielo y levantando sus manos como tratando de alcanzar a la Corona Borealis, exclamó:

— ¡Te la regalo es mi obsequio nupcial!

Cuando falleció Ariadna, pudo recorrer, convertida en sublime éter, los sitios donde habitaron las otras hechiceras pudo viajar al pasado y observar aquella escena entre Fuego y el Lince y antes de partir a la eternidad, cumplir la promesa que le hizo a Mantis de decirle con detalle cómo era la poderosa hechicera que la unió en alma  con el Clan del Hechizo de Ave.

Hecho esto se abrazó con apasionado frenesí a la estrella más brillante de la Corona Borealis, Alphecca, para fundirse en el obsequio nupcial que su amado años atrás le había regalado.

Del amor entre ambos no hay registro de que tuvieran descendencia, pero ninguno de los dos fueron hechiceros, pese a que Mantis la adiestrara en sus artes, lo que más  recordaba Ariadna era una bella frase que atesoró  para siempre:

< Querida niña, cultiva tu mente, de ese modo siempre verás los frutos frente a ti>

Photo by Pixabay on Pexels.com