La densa sombra que bloqueó sus sentidos

Nada nos prepara para la tragedia, esta puede presentarse en cualquier momento. El alba inició su camino iluminando los horizontes que antes permanecían ocultos bajo el manto de la noche, donde el cuarto menguante se colocó intenso bajo la mirada del lince y el zorro.

Eran tantas las cosas que tenían que decirse, situaciones que fueron bloqueadas de golpe y ambos querían que entender lo que había sucedido, así que el lince se dirigió de nuevo a la mente de la hechicera qué inquirió de todos los detalles que fueran posibles:

< Me despertó el humo y las chispas de fuego que recorrían el tronco de aquel majestuoso árbol, hecho añicos, gracias a eso pude empujarlo lejos de mi y con la pierna destrozada traté de huir del lugar; no entendía en absoluto que había sucedido, tampoco entendía por qué estaba yo ahí con las manos llenas de sangre, temí ser el causante de esa tragedia, no había nadie vivo para preguntar qué había sucedido. Observé el muro de llamas que me separaba e impedía ir en una dirección y corrí hacia donde pude estar a salvo del fuego >

El zorro se levantó nervioso y dio un giro para volver a echarse junto al lince y con gran aprehensión colocó en su mente lo siguiente:

< Ese muro te empujo al Norte y a mí, al Sur. Creí que habías muerto, tuve que esperar un tiempo considerable para creer que mi certeza era tal, no era fácil contactar al alquimista en ese sitio y no pude por un buen tiempo alejarme de la criatura que solamente me tenía a mi. Construí un pequeño recinto para invocar benefactores y fue escuchado con el paso del tiempo.

Algunas mujeres temerosas de que sus hijas fueran violadas, raptadas o usadas como bienes de cambio se acercaron a nosotros para darles un sitio digno donde crecer, así surgió el Clan del Hechizo de Ave >

El lince ladeó la cabeza en símbolo de admiración y continuó:

< Me hace feliz saber de eso, gracias a todos ellos pude encontrarte y aún no entiendo la razón por la que no pude hacerlo de forma directa >

La hechicera bajo la piel del zorro, lo miró con desaliento y dirigió estas palabras a la mente del lince:

< Cuando pude internarme en el bosque, cuando ya me fue posible dejar a cargo a alguien de los otros, sólo entonces pude encontrarme con el alquimista, la primera vez que le hice la pregunta me dijo:

“ Permanece en la sombra, una densa y oscura caída, todos tus esfuerzos son inútiles. Hay dimensiones que no viven a ras de suelo, desaparecen si no son lo suficientemente constantes para llegar a él, Mikael no tiene la fuerza para extender sus sentidos, no puede unificarse con tu llamado”

En ese momento te creí muerto, calcinado y sin la oportunidad de migrar hacia alguna transmutación, te aseguro que fue doloroso, aún me negaba a aceptarlo, sabes que no me rindo tan fácilmente >

El lince cabizbajo se movió inquieto y añadió a la mente de su entrañable amiga:

< Mi capacidad mermo, mis esfuerzos en la vida se limitaron a lo básico, entonces comprendí que lo más valioso de vivir reside en contar con alguien que al menos te considere humano, te valore como tal, pese a tu miserable condición y esto no fue fácil. >

Ambos se miraron con profunda tristeza cuando a lo lejos se escuchó el llamado nervioso de Luna que inquieta no comprendía porque Fuego no había llegado cuando aún la señora de la noche iluminaba el sitio donde ellas se guarecían y se detuvo de golpe al notar la presencia del lince al que no pudo identificar.

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Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

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