No tenemos el futuro en la palma de la mano, la voluntad, si

Las circunstancias iban a colocar los puntos sobre las ies por decirlo de alguna forma, en la vida presente y lo que podrían esperar del futuro el hechicero y Ellinor, aquella mañana en víspera del desayuno la primera en hablar fue Dagny:

— Estamos perdiendo recipientes y ganando una nueva pareja por lo que veo.

Hubo un silencio y desde luego que el Maestro continuó con la conversación:

— Ellinor es una bella mujer y he sido cautivado por su sinceridad y encantos -señaló con una abierta sonrisa-

Dagny miro de frente a la pareja, primero posó sus ojos en la mirada nerviosa y sonrojada de su hermana menor y posteriormente en los ojos elocuentes y electrizantes del hechicero, entonces con un hondo suspiro acotó:

— Sabíamos que verías su alma antes que su apariencia, su aspecto la mantuvo a resguardo de algunos que primero vieron los terrenos de  mi Nydam y después pensaron “si valía la pena”.

El Maestro observó reflexivo lo que iba a contestar, sin tenerlo claro y dijo lo que su mente le dictó:

— He vivido diferentes experiencias en mi vida, el amor de mujeres que no han sido libres para responder al amor compartido, aquellas que fueron obligadas por las circunstancias a acceder a una pareja que apoyaría sus necesidades primarias y las de su familia, he sufrido viendo la imposibilidad de mi escasa dote para responder no con amor sino con plata a la aceptación de una mujer.

Ahora estoy aquí como un ser desamparado al que la dulzura de una mujer libre le ha abierto un camino para poder amar, pero desconozco cuán grande será su entrega en todos los caminos que yo tengo en mi mente y en todos los que ella necesite de seguridad y yo me vea imposibilitado a responder. Esa es mi verdad.

El corazón del Maestro se agitó con fuerza y recordó cuando Freyja le recomendó que buscara a Nydam

Nydam lo contempló con esa mirada intensa que lograba que su apariencia fuera más intensa entre la maraña de cabellos rojizos que le caían sobre la frente y aclarándose la garganta apuntó:

— Vienen tiempos difíciles muchacho, donde un hombre hará lo necesario para empujarnos a una guerra. Pero también veo con cierta claridad que tal vez no nos acepten más en tierras extrañas que en las propias, pero tengo tu ejemplo, no eres de estos lugares y encontraste el amor y el aprecio de un grupo. Al igual que tú, no deseo que ninguno de nosotros sea carne para lanzas.

Dicho esto, el corazón del Maestro se agitó con fuerza y recordó cuando Freyja le recomendó que buscara a Nydam, aquella noche que fue golpeado brutalmente por los hombres de la taberna. Con una franca y espléndida sonrisa se levantó de la mesa para abrazarlo y decirle:

¡Lo sabía, somos aliados de la aventura más extraordinaria jamás vivida entre los vikingos!

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