Fuego y la gran revelación.

La noche completamente oscura permitía evitar la presencia de los depredadores, acechar a su propia presa era una necesidad en esos momentos, Fuego se escabulle entre los arbustos siguiendo el rastro de un conejo, en muchas veces le había señalado Luna que ella podía ayudarle a cazar su propio alimento desde la distancia y esperando mejores condiciones para evitar la rabia de la presa, ya que en algunas ocasiones regresaba al lado de Luna con algunas lesiones, aunque no eran de cuidado le dolían más que a Fuego.

Ella, la persona que habitaba dentro del zorro de pelaje rojo como el fuego, sabía que tenía que optar por enfrentar las condiciones con las que ahora contaba, desarrollar los instintos, valorar las cualidades de su animal de poder y de esa forma expresar su respeto al ser que ahora ella habitaba.

Prepararse para cambios tan drásticos para una hechicera con el poder de Sol, no representaba ninguna dificultad, pero no dejaba de ser un cambio de actitud impresionante.

Al final en una ágil respuesta y una extraordinaria carrera que en la vida humana le hubiera sido imposible realizar y le daba un sentimiento de libertad impresionante, se lanzó en un salto sobre el conejo y le clavó los dientes.

Fuego había desarrollado un impresionante sentido auditivo y de esta forma presintió la presencia de alguien más, no iba a pelear por un bocado de conejo, por lo que se dispuso a destazar una parte del torso y dejar el resto, evitar una pelea inútil, era lo mejor.

Con agilidad empezó la sigilosa retirada de ese sitio, su sorpresa fue mayúscula cuando notó que el otro predador no se había entretenido en los restos del conejo y lo seguía con cierta precaución y a poca distancia.

Todos sus sentidos se vieron alterados, cuando se dio cuenta que ella era la presa. Su comprensión de la situación no era del todo clara y decidió por ello emboscar al extraño sujeto.

Hizo un hueco en la tierra con las patas y escondió su trozo de carne para evitar que el olor atrajera al que la perseguía y espero.

En el claro del bosque pudo observar a un jadeante lince boreal quien lanzó un llamado extraño, algo que los seres del bosque no percibirán, pero que la mente de Fuego comprendería con total nitidez.

Sus sentidos se agudizaron para poder percibir aquella extraña sensación y entendió todo de un golpe, el sentimiento fue como una cascada de agua helada en el lomo del zorro, sólo así se atrevió a salir de su escondite con pasos inseguros y al mismo tiempo con una ansiedad inusitada.

Ambos animales se miraron, ella entendió que él había colocado el llamado en la mente de todo el Clan del Hechizo de Ave, sin embargo la razón era para poder encontrarla, ninguno de los otros entendería totalmente lo que esto representaba.

La mirada de ambos indicaba melancolía, tristeza, añoranza y unos densos rasgos de rabia soterrada que no era posible evitar, pese al sentimiento de compenetración que existía entre ambos.

Había una interrogante en la mirada de ambos, cuya respuesta no sería fácil de entender y mucho menos asimilar con facilidad. La vida los había puesto a prueba y ahora las cosas nos serían diferentes, ninguno de los dos podía forzar al destino aún reconociendo ambos que el destino no es algo con los cual nacemos marcados. En los ojos de Fuego aparecieron lágrimas, en los ojos del lince boreal una honda y profunda tristeza.

¿Quién era él, por qué la buscó en los rostros de todos los demás, qué necesita decirle que ella ya no intuya?

Aún no ha llegado el momento para que esta parte de la historia se aclare para todos nosotros, sin embargo en el hilo conductor de la magia hay una serie de incógnitas que aún están por descubrirse.

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Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

Escribir es una de las actividades creativas más fascinantes que existe, indagar lo caminos de diferentes versiones, encontrar motivos para acrecentar el cauce de un relato y motivar a la lectura, es una gran motivación para todo el que escribe