Ante la presencia de Danu, la ofrenda viva es presentada.

Transcurrido un tiempo, el hechicero se dio cuenta que el momento en que la señora de todas las noches se presentaría envuelta en velos, había llegado. Se reunió con los leñadores para colocar -tal como lo habían acordado- por cada hacha una semilla:

— En lo profundo del bosque germinará y se fortalecerá, la vida. Afirmó el hechicero, colocando en la mano de cada leñador una semilla de roble.

Juntos avanzaron para adentrarse al espeso bosque y el Maestro con profunda voz entonó una canción milenaria, de esas que con el transcurso del tiempo se convierten en gloriosos cantos en la tradición oral y se van modificando con el paso del tiempo. El estribillo fue fácilmente seguido por todos los leñadores quienes en una mano llevaban su hacha y en la otra las semillas de roble.

Aquel lugar sereno, bajo la elocuencia de las voces recias e impetuosas  de los leñadores se impregnó de una suave niebla, dando la impresión que se encontraban bajo las copas de los árboles en un sitio donde el Sol jamás podría traspasar los territorios de la señora de todas las noches.

Entre el canto de los hombres se distinguió la voz sigilosa del bosque, su siseo entre las hojas de los robustos robles, les anunció la serena y cautivadora presencia de Danu, diosa de la fertilidad y la madre de toda la vida, cuyo  nombre es tan viejo como el viento.

El hechicero habló:

— “¡Ha llegado el momento de cumplir la promesa de alabar a los señores del bosque en presencia de Danu y su apacible reconocimiento de que todo será fructífero, fortaleciendo nuestro trabajo y alentando la vida”!

— Sin dejar de cantar cada hombre se colocó ante la tierra y dejando a un lado su hacha, hizo un hueco profundo en la tierra donde las semillas de roble, le volverían dar vida a los árboles que les sirvieron para trabajar.

Podría tratarse de las oscuras entrañas del inframundo, Alerta Abu a Sie

En otro sitio del vasto mundo alguien más escuchaba en el hueco profundo de una cueva el clamor de otro ser ancestral que estaba dispuesto a contar un secreto a Sie en esos momentos de desesperación.

Ella recordaba con claridad aquellos momentos cuando  Rowan le hizo saber que se sentiría atada de pies y manos e imposibilitada para actuar en libertad, esto parecía ser una constante que se repetía, ahora estaba con el grupo tratando de salvar la vida del hombre cuyo navío era vigilado por los ladrones desde la orilla del Mar Siniestro.

Una voz la llamaba desde lo profundo de aquella cueva, era una especie de murmullo distante  que se perdía entre ecos… 

Abu, la alertó:

— Ten cuidado mujer, podría tratarse de las oscuras entrañas del inframundo, el sitio del que no se vuelve con vida y al que debe temerse, tal como me fue dicho y recuerdo con claridad haber escuchado en boca de otros comerciantes.

La astuta hechicera sabia  que a la muerte no se le teme y ella no es enemiga de la vida, por tanto algo favorable encontraría, tomo de las manos a Abu y se dirigió a Amin:

— Ahora sabes que no puedes detenerme cuando sé que lo que estoy por hacer es lo que tengo que hacer, ¿Verdad?

Amin con una leve sonrisa solamente afirmó con la cabeza y la beso con ese cariño entrañable que cada día despertaba su pasión y acariciando su cabello le pidió que se cuidara.

Sie con paso firme se adentró en la profundidad de aquella cueva cuyos secretos le serían revelados o la imagen del lince cobraría otro tipo de revelación, pero eso no lo sabremos, al menos ahora la identidad del lince no ha sido revelada para ninguno de los integrantes del Clan del Hechizo de Ave.

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Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

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