Los cuatro mensajes de Odín

No resultaba difícil ver sus rostros y notar que algo las intranquiliza en medio de una serie de contradicciones recién vividas, Ave y Estrella, captaron de golpe que la vida para muchas personas no era nada fácil cuando decidían poner en manos de otros su libertad y la forma como sus vidas se transformaba gracias a ese apego entre el deber y el deseo. Ave señaló con aprehensión:

— El sufrimiento de esa mujer, me puso muy nerviosa, desde que salió la señora de las noches, hasta el momento que se retiró, todo ese espacio de tiempo para traer a su hija al mundo, ¡Qué doloroso, la forma como gritaba: 

<¡Ya no quiero esto, ya no quiero estar aquí!>

— Sí, su hombre lloraba, replicó Estrella, se tapó la cara cuando ella le dijo:

< ¡Si hubiera conocido la tortura en la que me has puesto te hubiera rechazado!>

Ambas mujeres se detuvieron en el camino al momento que Ave señaló:

— Lo más impresionante fue cuando logré acomodar a  la criatura y como si fuera una flecha salió entre agua y sangre del cuerpo mortificado y adolorido de su madre y el rostro de ambos padres se iluminó ante el asombro de la vida.

Estella sonreía y apuntó:

— Ella fue dócil a partir de ese momento espero con paciencia que saliera la bolsa de alimento de su hija* y la vida se abrió paso entre sonrisas y sin reproches.

A espaldas de Estrella una visión única apareció ante la mirada de Ave, quien tomó por los hombros a su hermana y la hizo voltear con asombro:

Un mensaje por cada cuervo fue entregado a las hechiceras

— ¡Mira!

Estrella observó atónita y volteó su rostro hacia su hermana, es la premonición de Rowan, recuerdo bien que eso fue exactamente lo que me contaste,  ¿Ahora que debemos hacer?

— Esperar los cuervos siguen en ese muro por alguna razón, si Odín lo dispuso de esa forma, debemos esperar y observar.

Ambas se sentaron a la sombra de un arbusto en total silencio a la espera de los mensajes que les serían entregados:

Después de largo rato el primer cuervo graznó  y voló hasta la aldaba o travesaño que aseguraba la puerta de aquella fortificación, Ave tocó la mano de su hermana y advirtió:

— Un personaje allá adentro se encarga de asegurar el interior, sobre sus hombros pesa la seguridad de todos.

La espera seguía, Estrella había ido a recolectar unos frutos para soportar ese tedio de tanto tiempo ahí, solo mirando a los cuervos, al regresar Ave le reclamó:

— Estar ansiosa no ayuda, observa a los cuervos, atentos y obedientes, ninguno se ha  ido de otra forma el mensaje como debe ser entregado se rompería, mmmh!

— Toma come algo, que si acaso Odín quisiera que me perdiera el mensaje no hubiera dispuesto comida cerca.

Entonces el segundo cuervo graznó y voló hasta un carruaje, algo adornado, diferente a los que ellas habían visto por el camino, el cuervo se posó en el techo  al momento que bajó un hombre joven a retirar el travesaño para entrar, no sin antes tocar de forma rítmica el gran portón y Ave levantó el índice y golpeado con el codo a Estrella dijo:

— Ese debe ser el aprendiz de quien está adentro del carruaje, ¿Quién será el hombre que necesita de una persona a su servicio?

Estrella señaló, debe ser uno que guarda en papeles de raíces de árboles lo que encuentra, lo que nosotras guardamos en la memoria, ese hombre lo pone por alguna razón en resguardo, le da un valor y con ello  ha ganado prestigio dentro de esa muralla.

— Tienes razón debe ser un mago de las artes secretas, un viajero que tal vez conozca al alquimista.

La tarde avanzaba y el señor de todos los días iluminaba aún los rostros de las hechiceras cuando Ave exclamó:

— ¡Qué poderoso es Odín, esos cuervos han permanecido ahí, sin agua y sin probar ningún alimento!

Entonces graznó el tercero y fue a posarse a la carroza de granos y herramientas que llegaba hasta aquella fortaleza y el hombre que iba al frente lo dejó acercarse a los granos y le convido un poco de agua, de esa forma los otros tres cuervos descendieron en raudo vuelo y tomaron su parte, sin embargo no se fueron,  regresaron al sitio donde habían estado desde hace ya buen tiempo. Ave afirmó:

— Ese hombre que lleva ese carro será nuestro aliado, no lo perdamos de vista; su venta no es suya alguien allá adentro la protege y la comparte.

Antes de caer la tarde llegó un pequeño cajón, custodiado por  hombres montando caballos, Estrella se sorprendió e interrogó a su hermana:

— ¿No te parece extraño, no creo que ningún hombre pueda estar dentro de esa pequeña caja?

— Estrella, ahí debe estar el sustento de todos los hombres que viven y gobiernan allá adentro. Ellos no viven del trueque, cosechan el brillo del Sol, ese metal que los hombres han intentado morder en algunas tabernas donde hemos llegado a comer, ¿Recuerdas?

En ese momento el cuarto cuervo graznó y solamente pudo sobrevolar desde lo alto al séquito que custodiaba aquella caja con una caravana de corceles y fieros jinetes.

Ambas hechiceras se miraron y Estrella volvió a preguntar:

— Debe ser peligroso entrar

— Si Estrella el mundo de afuera nutre a ese lugar, sabremos de ellos al mezclarnos con el pueblo que los protege y hace tratos con ellos, esperemos al hombre que alimentó a los cuervos y sigamos sus pasos, su noble corazón nos ayudará en esta travesía.

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  • La bolsa de alimento a la que refiere Estrella es la placenta

Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

Escribir es una de las actividades creativas más fascinantes que existe, indagar lo caminos de diferentes versiones, encontrar motivos para acrecentar el cauce de un relato y motivar a la lectura, es una gran motivación para todo el que escribe