¿Cuáles son tus intenciones?

No todos tenemos la misma capacidad para entender lo que somos y lo que se supone es nuestra tarea y propósito en la vida, para la gran mayoría comer, crecer, multiplicarse y morir es lo fundamental y en la medida que esto se puede multiplicar la vida será más o menos satisfactoria.

Para fortuna o infortuna de la población que rodeaba al maestro la vida no estaba a tono con lo que él contemplaba y los problemas no se harían esperar.No todos tenían sus experiencias, no todos habían sido parte del aprendizaje que él había recibido.

Nydam llegó muy temprano sin el tazón de leche y la hogaza de pan y le dijo determinante:

— Querido Maestro ahora si vamos a quitarnos el ayuno con el grupo de leñadores, así que te espero, todos estaremos allá afuera juntos para escuchar tus palabras y la  forma como vas a ponerle magia a los árboles para cortarlos.

El hombre del norte se rascó la cabeza un poco extrañado de lo que recién escuchaba, ya que él sabía perfectamente que no encantaría a los árboles, la magia les pertenecía a ellos, a los árboles. Pero no dijo nada, solo imaginó al grupo de rudos varones y espero no encontrar a ninguno de los que conoció en aquella taberna.

Se quedó apoyado en el umbral de la puerta cuando miró que habían dispuesto un tablón de buen tamaño para darse un buena comilona de frutas, cereales y cuencos con leche, había miel y al centro un cerdo asado y crocante. Al mirar la figura del Maestro, todos comenzaron a golpear la mesa con un rítmico tum-tum que le hizo sentirse parte del clan.

Dagny instó al hechicero del norte a sentarse y compartir aquella mesa festiva con los leñadores que construirían las naves más portentosas jamás imaginadas.

Poder integrarse y hacerse entender sería complejo, dependía de la habilidad de él y la empatía de ellos para lograrlo.

Había risas y preguntas sobre cómo se nombraba a determinadas cosas en su región, muchos se extrañaron cuando él rechazó la miel, pero todos comieron con alegría y llegó el momento de ir al espeso bosque y conocer las habilidades del Maestro.

Él guardó silencio y les pidió a todos que hicieran lo mismo, el bosque tenía que hablar, los señores del bosque mostraron su incomodidad, el Maestro alzó sus brazos e invocó a las fuerzas cuyo poder mostrara a las sombras y de esa forma indicó a cada leñador cuales eran los árboles que podían cortarse y cuáles no.

El trabajo había iniciado, y el Maestro  les habló:

— Cada uno de ustedes deberá agradecer al pie de los árboles su bondad, antes de iniciar el trabajo con sus hachas  y para tener futuros árboles con raíces fuertes, debemos plantar las semillas en la tierra, cuando asoma el rostro de la señora de todas las noches envuelto en velos  y  poco antes de decidir  esconderse. Ella debe estar presente en esos momentos, ni antes, ni después.

Los hombres entre risas accedieron, algunos se preguntaron quién era esa señora, otros respondieron entre ellos que debía de ser la mujer del hechicero, no le dieron mucha importancia; solo siguieron al Maestro hasta el árbol señalado para seguir sus instrucciones.

Nota de la autora: El Maestro refiere a las fases de cuarto menguante y luna nueva.

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Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

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