El secreto del lobo blanco como la nieve

Ante la mirada sorprendentemente atónita de la pareja que formaban Nydam y su esposa Dagny, el Maestro quedó igualmente sorprendido, para él no quedaba clara la razón de tal asombro.

Nydam, tocó el hombro de su mujer quien de inmediato entendió lo que su marido quería y con voz animada pregunto al hombre que yacía con una cataplasma de hierbas en el costado, heridas en el brazo derecho y su ceja del mismo lado cuyo aspecto lucía tonalidades moradas y oscuras por la golpiza recibida la noche anterior. Con firmeza interrogó: 

— ¿Tienes familia muchacho?

— Siete hermanas señora, tres de ellas ya no están entre nosotros, y agachó con pesadumbre su cabeza apretando los labios.

La mujer con curiosidad preguntó:

–¿Tienes familia propia muchacho?

— Mi corazón es leal a un ser especial, mis hermanas se encuentran viajando, no se reunirán conmigo, en caso de que a eso se refiera.

— No, solamente era una de esas preguntas que habitualmente hacemos las mujeres.

Nydam miró a su mujer con esa mirada cómplice que sucede entre los matrimonios que llevan muchos años juntos y añadió:

— No tienes que regresar al granero, podrás quedarte en un sitio más cómodo en mi casa y con el abrigo necesario para que te recuperes pronto, pienso que podremos hacer juntos lo que ambos nos hemos propuesto, dicho esto, te ofrezco mi mano en señal de alianza:

El hombre extendió su mano, acercándose al hechicero quien se incorporó con dificultad para estrecharla con una franca sonrisa.

Los tres comieron entre risas alegres y al Maestro ese plato caliente de verduras, le hizo sentir reconfortado y agradecido.

Por la noche, de alguna manera que solo puede explicar la magia llegó hasta los pies de su lecho un lobo blanco como la nieve con algo en el hocico, se acercó al Maestro y lo miró con atención hasta que él extendió su mano para recibir lo que llevaba para él y le dijo:

— Vaya, me has traído un trozo de madera, mmmh! Es madera  de roble el árbol de Dagda, el creador, símbolo de la generosidad.

El lobo lo observó fijamente y cerró en dos ocasiones sus ojos, para que él se percatara de lo que eso significaba; un ojo era oscuro y el otro azul verdoso.

El Maestro comprendió perfectamente, asintió con la cabeza y miró con seriedad al hermoso animal blanco como la nieve:

— La generosidad tiene un precio y conseguir el equilibrio entre el portentoso  mar y las sombras, no ha de ser fácil.

El lobo agachó la mirada y se retiró en silencio sin ser visto o escuchado por nadie. El Maestro apretó entre sus manos el trozo de madera y trató con dificultad de conciliar el sueño. con una pregunta que rondaba en su cabeza:

< ¿Acaso el oráculo alertó a Nydam de mi llegada?>

No sería difícil saberlo pero él tendría que ser cauto y  prudente al establecer los términos de su alianza.

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Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

Escribir es una de las actividades creativas más fascinantes que existe, indagar lo caminos de diferentes versiones, encontrar motivos para acrecentar el cauce de un relato y motivar a la lectura, es una gran motivación para todo el que escribe