¡Clamar por el fuego amigo!

Ave y Estrella siguieron su camino desde la costa hasta una zona montañosa, ya habían transcurrido varias visitas del señor del día y la dama de las noches, que en aquellos momentos crecía esperando su esplendoroso momento de redondez en el firmamento, se habían despedido de unos aldeanos que las trataron con benevolencia, ya que sus conocimientos de las hierbas curativas le habían quitado un dolor de muelas a una anciana muy querida de todos ellos y vieron que el lenguaje de señas, aun siendo excéntrico y algo teatral les permitió compartir alegría y conectarse en un lenguaje nuevo con aquellos pobladores.

Estrella señaló un claro en el bosque donde descansar, habían decidido partir muy de madrugada y el cansancio se hizo presente, pero no solo eso:

— Ave, te  das cuenta del silencio que hay en el bosque, es muy extraño.

— Debemos estar atentas debe ser el aviso de una señal, debemos concentrarnos, señaló la mujer al momento que buscó entre las copas de los árboles algo que le diera pistas de lo que estaba sucediendo.

Por su parte Estrella miró el cielo en busca de algo que  les ayudará a entender lo que sucedía, por su mente cruzaron infinidad de situaciones que la alertaron, pero no tenían fundamento si lo que ella pensaba no se reflejaba en el cielo. Hasta que apareció, portentoso y enorme, al momento que la hechicera puso su manos sobre el hombro de Ave y exclamó con vehemencia:

— ¡Hermana, él renace de las cenizas en el más cruel de los silencios!

El alma del Maestro en el cielo

Ambas mujeres se sorprendieron ante la imagen descomunal de aquella ave en el firmamento y unieron sus manos por las palmas para clamar por el fuego amigo:

Rodealo de calma, rodeado de comprensión, dale fortaleza ante la más grande desolación, que encuentre el fuego amigo que necesita para seguir, que su voz sea escuchada por la persona correcta, que el amor en su corazón lo ayude a no perderse en la tristeza.

Esta frase fue repetida, 8 veces el número del infinito, el número de lo que ellos representaban desde ahora y para siempre como el Clan del Hechizo de Ave.

Nota de la autora: Se cree que esta ave mitológica nació en Oriente y fue adoptada posteriormente por los griegos. Para las hechiceras de mi relato no es reconocida como el Ave Fénix, para ellas es un símbolo del alma del Maestro, su preocupación, las acerca a imagenes de situaciones que puede estar atravesando su hermano.

Fotografía de la autora Ariadne Gallardo Figueroa: “El ave renace”

Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

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