La buena fortuna de Anker

En el lejana Creta, ajenos a todo las vicisitudes por las que atravesaba el Maestro, la vida transcurría entretenida con las travesuras de Ariadna (Αριάδνα) que ya daba sus primeros pasos y su mundo cambió de una forma total, cuando no depende de alguien para irse a otra parte de la casa si lo deseaba.

Anker llegó aquella tarde con el rostro iluminado por la buena fortuna, llegó gritando con tal júbilo que Ariadna quiso correr y quedó sentada en su intento enmedio del umbral y maravillada por la  visión más agradable que jamás hubiera imaginado, su padre jalaba con un trozo de cuerda a un hermoso  borrego y con regocijo expresó en voz alta:

— Mantis, Ariadna, miren la buena fortuna está de mi lado, al fin la cosecha ha sido suficiente, pude comprarlo.

Su expresión era de total felicidad, contagiado de alegría, alzó en brazos a su hija y la acercó al dócil animal  al momento que le dijo:

— Este bello borrego te dará tu primer ovillo de lana querida hija, volveremos a empezar de cero, la vida nos sonríe.

El recién llegado borrego (Ovis orientalis aries), se convertirá en un gran amigo y compañía para Ariadna

Mantis los miraba con total alegría y meditaba sobre la esencia misma de ese bello animal que había llegado cuando la Luna creciente asomaba en el horizonte y dijo para sí:

< Vaya, la señal en la Tierra, los frutos en el camino. Ellas han dejado el agua, ahora puedo intuir con claridad.>

Los tres se abrazaron con alegría, la esperanza y la paciencia, estaban de su lado 

Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

Escribir es una de las actividades creativas más fascinantes que existe, indagar lo caminos de diferentes versiones, encontrar motivos para acrecentar el cauce de un relato y motivar a la lectura, es una gran motivación para todo el que escribe