La confianza arde en el fuego

Aquella noche, Sie no pudo conciliar el sueño, su alma viajaba en busca de la idea perfecta el cómo acercarse al objeto de sus palabras y símbolos, que éste fuera preciso y adecuado. Recordaba uno a uno los textos que había realizado en su trayecto, algunos estaban encendidos de una luz difusa que se perdía como la llama de una vela en medio de la oscuridad más profunda y eso le molestaba, no tener claridad, estar a ciegas en medio del camino  y sentir que la idea precisa no llegaba a su mente y su sentimiento la agobiaba sobremanera.

Finalmente se despertó cuando la noche aún era profunda y Amin también, éste le dijo con la voz perdida entre bostezos:

— ¿Qué sucede Sie, que te mantiene dando vueltas sin poder dormir?

— Me molesta no poder decir lo que mi mente lleva adentro, siento que me atropelló en una maraña distante, no es lo que espero.

Amin se frotó los ojos con inquietud y le dijo con firmeza:

— Concéntrate en mirar hacia ese sitio que te espera, tal vez esa sea la razón por la cual tu confianza se pierde. ¿Qué es lo que miras más allá de la arena, más allá del hombre halcón que ha perseguido tus sueños, incluso más allá del escorpión que se hundía en la arena para no perder la vida?

— Veo fuego en rollos de raíces pintados con símbolos como los que estoy aprendiendo a hacer, veo a un grupo dedicado en atesorarlos.

— Ese fuego es luz en cada uno de esos papeles o qué clase de fuego observas

— Es fuego avasallador, fuego destructor… Al decir estas palabras, la mirada de Sie, se tornó preocupada y su alteración la hizo llevar sus manos al rostro, como intentando no ver más de todo aquello.

Si fuera mi presagio una certeza y es verdad que es lugar arderá en llamas, exclama Sie.

— ¿Crees que todo lo que tienen esos materiales solamente por tener palabras son valiosos?

— Lo escrito ahí debe ser de un valor incalculable para que esos hombres le dieran un recinto tan especial… Tal vez eran palabras como las mías, oscuras y sin la suficiente luz para ser portadoras de confianza. 

Amin rascó su nuca buscado la respuesta adecuada para ella, se llevó la mano a la barba y la frotó con insistencia, no llegaban a él ideas para interpretar lo que Sie le había dicho, hasta que de pronto la miró con serenidad y explicó:

— Tal vez no todo aquel  que se concentra en escribir dice lo que necesita decir, también debe ser invadido por las sombras y muchos de esos papeles sean la sombra de una idea que necesita ir más lejos.

Todo mundo atesora su camino de la oscuridad a la luz, es por eso que te he pedido que no deseches lo que has escrito, si tu amor por las palabras hilvana adecuadamente la secuencia, la luz aparecerá.

El verdadero problema es que no todos los humanos logran concentrarse lo suficiente en una tarea propuesta, su interés al no encontrar respuestas, se pierde y van a otra cosa, olvidan que los llevó a ese enamoramiento para decir lo que era necesario.

Entonces su oscuridad se planta en los recintos, donde otros irán en busca de luz y no la encuentran, las preguntas los llevan a desconfiar, enemistarse con los que guardaron con celo sus ideas y no las continuaron.

Sie, lo miró con expresión preocupada e interrogó:

— ¿Entonces de qué sirve que yo conserve mi oscuridad si puede provocar la ira de Dioses y humanos?

Amin la miró con una sonrisa y la abrazó con ternura y musito cerca de su oído:

— Porque aquel que conozca tu camino sabrá que no abandonaste, que tu oscuridad te llevó a la luz y no necesitarás de guardar en un recinto especial tus palabras escritas, serán parte de ti, cualquiera que te pregunte entenderá que tu mente es el recipiente de toda tu riqueza y que ha sido compartida, replicada por otros, que confiarán en la luz que puedes darles. La confianza debe arder en el alma.

Sie, lo observó con asombro y añadió:

— Si fuera mi presagio una certeza y es verdad que es lugar arderá en llamas, todos los que continúen su labor hacia la luz, llevarán en su alma sus aprendizajes, sus tareas serán con el tiempo la luz más brillante para iluminar a otros.

Amín la abrazó y la recostó junto a su regazo para recuperar algunas horas de sueño antes de que la caravana volviera a moverse hacia aquel enigmático destino. 

Fotografía tomada de https://lapiedradesisifo.com/2016/10/03/alejandria-no-puede-morir/

Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

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