El dolor que estalla en la memoria, es la herida que no cierra

Nubes de incertidumbre se ciernen en torno a la embarcación, no es una noche fácil para dormir en brazos de la calma, el Maestro se debate en el  más tormentoso de los desalientos, su llanto antes silente y doloroso se convierte en un clamor de angustia y desesperada agonía:

— ¡Soy el más vil de los seres, un imbécil que no merece ni siquiera respirar!

Su cuerpo encorvado ante el mástil de la pequeña embarcación ardía en rabia y vergüenza, con ambas manos cubría su rostro iracundo y perdido en medio de aquel mar que no se inmutaba ante su dolor.

Ave y Estrella se abrazaban a la gaviota para evitar que saliera frenética volando mar adentro. Ambas lloraban incapaces de acercarse al hombre cuyo dolor rebasaba todo intento de consuelo.

El hombre perdido en su desesperanza de golpe se hinco, al momento que alzó ambos brazos clamando por respuestas, reconociendo que no las merecía:

— ¿Por qué decidí ocultarme, por qué no le di la cara al agresor que terminó con todo? Siendo un niño ella me enseñó a huir de la agresión a proteger mi vida, debí usar las herramientas con las que cultivó la tierra para defenderla, no lo hice, no lo hice…

Con ambas manos golpeó las maderas del navío, en el cielo se reunían nubes grises y portentosas, sus manos heridas volvieron a golpear las maderas y el estallido de los truenos no se hizo esperar.

El estallido de los truenos envolvió su rabia

–No comprendo a qué grado te ame no lo se, nunca lo sabré, marcaste una distancia entre ambos, haciéndome sentir que yo te enseñaba a ti y a todas ellas. Solo soy un desgraciado al que trataste de preservar en una zona inmaculada y cuya visión se reflejaba en la naturaleza de nuestro adorado clan, ahora disperso a causa del oráculo, el alquimista y la cueva del tiempo. ¿Somos sus herramientas, somos instrumento de sus deseos y decisiones?

Entre sollozos, su rostro enardecido, iracundo miraba las nubes que solamente eran reflejo de su propia rabia, abriendo más la herida que no cerraría nunca al menos que encontrara un asidero, una nueva razón para seguir adelante.

–¡Jamás podré embarrar mi corazón en la tierra que tanto amo, no en esta vida!

He perdido el rumbo, ese que me decía lo que debo hacer en mi vida, mis actos no son guiados, mi compromiso es un sueño, cada paso debe ser certero. Confiar  en medio de la nada me destroza, ¡No puedo mas, no puedo!

Nadie respodió sólo se escuchaban los truenos, cuya rabia se fue apagando, poco a poco, tal vez incluso Thor se dolío ante la impotencia de esa escena y su energía guerrera se envolvió en la mas profunda melancolia.

Cuentan los más ancianos que en ciertas zonas del mar Báltico, la salinidad es mayor debido a las lágrimas que los viajeros de ese navío dejaron caer al mar ese día, pero a nadie le consta que sea verdad.

Photo by Nikolett Emmert on Pexels.com

Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

Estar en el momento del comentario y poder reaccionar es parte del encanto de escribir, indagar lo caminos de diferentes versiones y motivar a la lectura, es el regalo de todo el que escribe

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