Al borde del abismo, no es la muerte quien espera.

Ave, Estrella y el Maestro, observaban casi  hipnotizados la figura de la gaviota que se convirtió en la mensajera de algo que no pidieron, que no les constaba y que ninguno de ellos deseaban. Esa tarde la única que comió con voracidad varios trozos de pescado fue precisamente ella la gaviota a la que nombraron bajo el nombre que ella repetía de forma constante, seagull.

El maestro entorno la mirada dirigiendo su mirada al inmenso mar, con los ojos enrojecidos por la tristeza, tratando de encontrar respuestas a lo que el destino había puesto ante ellos y exclamó:

— Si acaso la fuerza interna nos limita en el cuerpo que somos, es la intuición y las conexiones afectivas con aquello que nos nutre lo que nos ayuda a salir y viajar del cuerpo que nos contiene, entonces solo hay que confiar que la magia es el poder esencial, eso  que no todos los humanos desarrollamos de igual forma, los hay que confían plenamente en lo material, lo que se ve, aquello que pueden tocar y encender los sentidos de piel a piel, no siempre es así, tampoco es posible en infinidad de ocasiones.

Ave tuvo una epifanía al momento de escuchar esas palabras de su tutor y con sorpresa exclamó:

— ¿Acaso la realidad última de lo que  somos nos impida llegar con lo que poseemos al destino que nos hemos marcado?

Esa tarde la única que comió con voracidad varios trozos de pescado fue precisamente ella la gaviota

El Maestro y Estrella la miraron con cierto escepticismo, pero a la vez sorprendidos de la clara idea mental que ella había expresado. Estrella se acercó a la gaviota y la abrazó con ternura cuando señaló:

— No siempre se tiene lo que se desea pero se posee lo que se tiene y nuestro mayor recurso es precisamente la magia. Toda la suma de elementos que deseamos atraer y compartir al mundo, está ahí.

El Maestro observó que muy cerca de ellos seguía el recorrido del navío la ballena, para ellos había sido comprensible reconocerla como Camino, una representación terrenal de su querida hermana atravesada por una flecha. Entonces exclamó con emoción.

— Hay misterios que no entenderemos jamás con la claridad que deseamos, si acaso Camino vive  más allá de la representación en esa majestuosa bestia marina, todos aquellos que partimos obligados por las circunstancias, de algún modo permanecemos para cumplir nuestra misión entre los vivos.

Ave preguntó con inquietud:

¿Habrá quien parta de este mundo convencido de que la vida le ha permitido completar sus tareas?

El Maestro la miró clavando con una inmensa seguridad su mirada en ella:

— Podría afirmar que los sabios y los guerreros son los que verán las puertas abiertas de Valhala de par en par y con una sonrisa pueden cerrarlas tras de sí, pero no nos consta a ninguno de nosotros.

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Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

Estar en el momento del comentario y poder reaccionar es parte del encanto de escribir, indagar lo caminos de diferentes versiones y motivar a la lectura, es el regalo de todo el que escribe

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