El momento que unió el pasado con el presente

El camino para Sol y Luna cada vez era más complicado, la nieve comenzó a ser densa, ambas se preguntaban si el camino elegido era el más propicio para este recorrido, pero de una u otra forma ya estaban en él y era necesario seguir adelante.

De pronto para Sol todo comenzó a dar vueltas, tuvo que apoyarse de su hermana para no caer, el mareo la mantuvo turbada por un buen rato, Luna la llevó hasta el tronco de un árbol para guarecerse del viento, la mirada preocupada de Luna fue lo último que vio Sol al momento de caer en un profundo y pesado sueño que la llevó a un hueco donde el tiempo la atrajo al pasado.

Revivió la escena dolorosa de un terreno quemado donde lo único que escuchaba era el llanto de un niño pequeño, tosiendo entre el humo y los gritos de los asaltantes, blandiendo espadas y antorchas para quemar aquella comarca.

Nunca olvidaría la mirada aterrada de aquella criatura, cuyo rostro estaba cubierto por una extraño tatuaje de hollín, lágrimas y mocos, cuando lo instó:

— Nadie de los tuyos va a escuchar tu llanto, las gente que los está matando si lo hará, es mejor que te quedes callado.

Con ojos grandes el pequeño de inmediato ahogó su frenético desvario y contuvo el sollozo cuando ella le preguntó:

–¿Tienes nombre?

La criatura solo movió la cabeza negando…

–Yo tampoco, bajemos por la ladera con el mayor silencio posible, dame la mano.

Ambos se alejaron y la niña que se acercaba a la pubertad, alzó en brazos al pequeño que apenas había aprendido a caminar, resueltos llegaron hasta lo profundo de un bosque y el pequeño alzó su dedo índice cuando vio un claro en medio de aquella bella escena de paz y trino de pájaros.

La niña que ahora conocemos como Sol, exclamó:

— Bien has elegido un buen sitio, vamos a construir nuestro pequeño recinto.

Ahora hagamos lo que tenemos que hacer primero, yo no puedo ser tu madre, puedo ser tu hermana mayor, y la hermana mayor siempre aprende de aquel a quien cuida, entonces te nombraré Maestro, ese es tu nombre ahora.

El pequeño sonrió y repitió con cierta dificultad el nombre que ella le dió y la miró con los ojos muy abiertos:

— No, no, no tendré nombre hasta que hayas crecido lo suficiente para decidir, ¿Esta bien?

El pequeño asintió y ambos sonrieron.

El golpeteo en el pecho de Sol se fue apaciguando ante esas imágenes tan nítidas en su sueño y pudo respirar con menos dificultad. Lo primero que observó fue la mirada preocupada de Luna que le preguntaba si quería tomar un poco de agua:

— Sol, hermana hemos pasado por grandes dificultades, la comida es escasa en este sitio ahora, pero te vas a poner bien te lo aseguro, ¿Quieres un poco de agua?

Sol la miró con cansancio y le preguntó:

–Necesito que observes el paisaje, dime si ves a mi animal mensajero, al heraldo de mi alma, por favor.

Luna, con enorme dolor fijo la mirada en el horizonte, en el río helado, en la colina y fue ahí donde lo vio, un zorro con el pelaje rojizo como el fuego y mirada penetrante, ella le sostuvo la mirada con asombro y dolor al mismo tiempo, al momento que el animal sólo agachó la cabeza y giró sobre sus patas para hundirse detrás de la colina de nuevo.

Luna le sostuvo la mirada con asombro y dolor al mismo tiempo

Luna respiró hondo y recalcó:

— Sí lo vi, Sol, pero se ha ido, dio la vuelta y se fue detrás de la colina.

Sol sonrió y la miró con suavidad:

— No eres buena mintiendo hermana, sabes bien que ahora nos sigue de cerca, tengamos paciencia. ¡Vamos ayúdame a levantarme, creo que me siento mejor ahora!

En pocos días tu intuición te guiará para entenderte con él, creo que será una buena compañía.

Por toda respuesta Luna sólo la abrazó con lágrimas en los ojos.

Nota de la autora: Las siguientes referencias forma parte de la inspiración para este post:

En el mito y la tradición celta, el zorro juega el papel de heraldo del alma. En otras palabras, el zorro es una especie de recipiente para las almas que han pasado de la tierra a lo no físico.

Πάντα ῥεῖ; “Τodo fluye” Heraclito lo dijo, pero antes de que esto se supiera la vida daba constancia de que las cosas son de esa forma, al menos para quien sostiene que la magia  es el instrumento de su existencia.

Durante el afelio, nuestro planeta y el Sol se sitúan a una distancia aproximada de 1,017 unidades astronómicas, lo que implica que les separan algo más de 152 millones de kilómetros. Aunque la Tierra gira a una velocidad media de 29,8 km/s, durante el afelio se vuelve algo más lenta y se desplaza a 28,76 km/s.

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Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

Escribir es una de las actividades creativas más fascinantes que existe, indagar lo caminos de diferentes versiones, encontrar motivos para acrecentar el cauce de un relato y motivar a la lectura, es una gran motivación para todo el que escribe