El más grande amor

El maestro observó que el mar se violentaba cada vez más, en esa zona era peligroso quedarse,  las olas podrían provocar que su humilde nave se golpeara contra las rocas. así que decidió que era hora de seguir el camino. con voz firme exclamó:

— Hermanas, debemos marcharnos seguiré de cerca la costa de alguna forma tendremos señales del sitio donde ustedes seguirán su camino, pero por lo pronto, si navegaremos juntos.

Una vez puestos en el lomo suave del mar tuvieron tiempo de admirar aquel paisaje de agua impresionante.

Ave se sentó junto a ellos y exclamó:
—  ¡Cuéntanos de tus amores, maestro!

Estrella se acercó a él y le dijo con entusiasmo:

— Tenemos tiempo de conversar de tantas cosas, parece que en este sitio el tiempo se ha detenido

— Cierto es, vamos llama a Ave y hagamos recuento de ideas, como cuando nos reuniamos alrededor del fuego y las ideas nos mostraban su magia.

Ave llegó frotando las manos y dijo con alegría:

— Ya le puse la sal a los peces, ahora si nos van a durar un poco más.

El maestro preguntó con alegría:

— Perfecto, ahora digan de qué platicamos…

Ave se sentó junto a ellos y exclamó:

—  ¡Cuéntanos de tus amores, maestro!

El maestro entorno la mirada y llevándose la mano a su densa barba apuntó:

— Hubo una mujer, yo era muy joven la descubrí en un mercado y la seguí sin que se diera cuenta, pero ella volteó y solamente se me quedó mirando, era mayor que yo. Me preguntó que hacía y lo más lógico que tuve en mente fue preguntarle si me podía decir si vivía cerca y si podía decirme su nombre.

Estrella se acomodó colocando sus manos rodeando sus mejillas atenta a cada expresión del maestro. Éste continuó el relato con gran entusiasmo y un brillo especial en su mirada:

— La respuesta de aquella mujer me sorprendió mucho, sólamente dijo:

“No quieras saber de mi, yo te diré quien soy”

— Sus palabras me entusiasmaron un torrente de sangre invadió mi corazón y sus latidos me hacían sentir como un imbécil. Entonces preguntó:

“¿Qué sabes del amor, muchacho?”

— En ese momento me maravillé, y con toda la ingenuidad que cabía en mi mente exclamé: Enseñame. La mujer colocó su mano en mi corazón al momento que yo sentía que cada fibra de mi cuerpo temblaba ante su cercanía, entendí que estaba a punto de conocer el más apasionado de los arrebatos de amor que un ser humano puede llegar a sentir… De pronto me dijo:

“Cierra los ojos, he escuchado tu corazón, tiene esos dulces sonidos de la confianza, pronto sabrás cómo convertirlo en  certeza …

— Al momento que retiró su manos de mi pecho, me sentí desvalido, había desaparecido en el preciso instante que yo esperaba una noche de amor físico y apasionadamente frenético, nada, no estaba más.

Ave se llevó la mano a la boca y exclamó:

— ¡No, no puede ser!

Estrella se quedó reflexiva y señaló:

— Pero, imagino que la buscaste, no podía estar lejos, ¿La volviste a ver?

El maestro con los ojos brillantes de lágrimas emocionadas exclamó:

— Por supuesto que la busqué y cada que lo hacía de alguna forma me daba cuenta que ella se había quedado en mi corazón, me alentó a descubrir verdades que de otra manera no habría descubierto, sobre todo cuando llegaron a mi vida otras mujeres y me di cuenta que el amor que entregas para dar y recibir placer, no es posible siempre. Hay una dosis de posesividad que cambia todo, crea cercos, limita la libertad.

Cada que la buscaba me enfrentaba a un nuevo misterio donde la vida fluía y las veces que quise olvidarla me sentí invadido por algo que no me se explicar, tal vez me encontré con la encarnación de Freyja.

Estrella se le quedó mirando y con una gran sonrisa le dijo:

— Maestro, eres instrumento de su magia, esa magia con la cual nos has instruido.

El mar fue testigo silencioso de su conversación y sin duda su viaje sería seguro bajo la mirada confiada del amor y la belleza.

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