La dolorosa travesía de Anker

Mantis se preguntaba de qué forma reconocería a las hechiceras que se acercaran a ella, si sería a ella, o quizá esto sucediera cuando  Ariadna (Αριάδνα) tuviera la edad en la que su conocimiento del destino de su pueblo le pusiera en ese camino cuyo derrotero era el Toro.

Escucha pequeña le dijo a la criatura:

— Cada hechicera sabe que el tiempo no existe, existen momentos que debemos preservar para cuando sea el momento de expresarlos, ya se que no me entiendes, pero igual te lo digo, te veo atenta y eso me basta.

Anker se detuvo en la puerta y por su expresión algo lo mantuvo alerta y sorprendido y se lo dijo de inmediato a Mantis:

— Señora, ¿Acaso está tratando de educar en sus artes a mi pequeña?

— Yo no puedo influir en las pasiones de la gente, tampoco en sus habilidades, como su padre ante todo ella sabrá hilar, por que tu eras un vendedor de telas.

Se le quedó mirando con una gran seriedad sin quitarle la mirada de encima, para eso debes cuidarte y comer mejor esa depresión que te ha amarrado al pasado debes dejarla ir, al menos que me quieras dejar todo el trabajo de la crianza de tu hija.

Anker agachó la mirada y señaló:

— Me sentiría honrado que usted le enseñara lo que sabe señora.

la hechicera griega solamente lo observó retirarse y pensó para sí:

Mantis la hechicera griega miró su vela con la marca del tridente, antes de retirarse a dormir.

<Cuando alguien no te mira de frente, y te dice algo muy amable, tendría que responder al que en realidad lo trajo hasta aquí. Definitivamente no soy yo.>

De reojo miró su vela con la marca del tridente, antes de retirarse a dormir.

Fotografía “La herramienta de Poseidón” de Ariadne Gallardo Figueroa

Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

Estar en el momento del comentario y poder reaccionar es parte del encanto de escribir, indagar lo caminos de diferentes versiones y motivar a la lectura, es el regalo de todo el que escribe