Espiga y el panal

Se acercó Estrella con fruta para preguntar si navegarían  juntos, al momento que atracó en el puerto una embarcación de rudos y ruidosos  vikingos, el maestro con clara preocupación les pidió que bajaran a esconderse, que nos las vieran en cubierta.

Un varón de gran estatura con hendiduras de hierro candente en su rostro y brazos, constataba que habían sido bruñidas para salvarlo de la muerte. Desde la nave le gritó al pescador:

— Tú, ¿Qué cambias por la cesta de pescado?

— Lo que tenga, menos miel

— Un costal de sal

— Está bien.

El varón mandó a otro hombre de mirada fría como el hielo con un costal mediano de sal. El maestro agradeció con la mirada y retiró las amarras del navío para separarse lo antes posible del lugar.

Pasadas unas horas atracaron en una lejana donde las rocas golpeaban con fuerza, hasta ese momento Ave y Estrella salieron a respirar el salitroso viento del lugar.

El maestro dijo con alegría:

–Me guarde dos peces para comer antes de dormir, vamos acá estamos seguros.

Estrella dijo:

— ¿ De verdad crees que guardan miel en esa nave?

— No tengo idea, pero era mejor advertirles, todas recuerdan aquel momento en que Espiga llegó feliz con los brazos hinchados y una colmena entre las manos, ¿Verdad?

Ambas mujeres recordaron el pasaje con algunas risas mustias. Ave añadió:

— Recuerdo, le dijiste que había robado el sustento de la luna diseminadora, esa que la había protegido cuando llegó a este mundo.

El maestro señaló:

— Cierto bajo esa luna me la entregó su madre antes de partir. Pero lo más importante de todo esto es que al llegar al panal fue atacada  por un grupo protector, dispuesto a perder la vida para conservar la colmena, ella aceptó los pinchazos y robó la colmena.

Valoran la vida de cada una de ellas y sólo pondrán a unas cuantas a darlo todo por defender su forma de cultivarse.

Ave dijo cabizbaja:

— Estos vikingos son como los protectores de las colmenas, dan la vida por proteger su territorio y muchos terminan sin vida y sin tierra para crecer.

El maestro asintió y añadió:

— ¿Recuerdan la promesa que hicimos ese día?

Ambas mujeres casi al unísono dijeron:

-Quien nunca probaremos la miel.

–Claro y no por miedo a los pinchazos, sino porque estamos respetando el colmenar que les da vida y protección a las abejas, las ayuda a ser diseminadoras de vida y alegría. esos sabios seres no van a combatir al ladrón en grandes volúmenes, valoran la vida de cada una de ellas y sólo pondrán a unas cuantas a darlo todo por defender su forma de cultivarse.

Estrella apuntó:

— Sin embargo, los humanos, se abalanzan en grandes grupos a perder la vida, la tierra y no imaginan lo que viene.

El maestro la tomó por el hombre y señaló:

— Hay visionarios y estrategas, uno de estos grupos querrá dictar la historia con un sello de fuego y sangre, el otro intentará convencer, construir sucesiones y estructuras.

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Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

Escribir es una de las actividades creativas más fascinantes que existe, indagar lo caminos de diferentes versiones, encontrar motivos para acrecentar el cauce de un relato y motivar a la lectura, es una gran motivación para todo el que escribe