El Acecho y la violencia

Nota de la autora: Me han escrito preguntando al correo AGF@lecturasdeary.com si hay un problema de continuidad en las edades de las hechiceras y el maestro, absolutamente no. Las historias lineales son muy predecibles, así que solo les invito a seguir leyendo cada tramo del desarrollo de “Hechizo de Ave”

Vamos de nuevo con el relato:

Nada es propicio para seguir el camino, pero Sierpe sabe que no puede detenerse, pero algo la sorprenderá sin que ella pueda evitarlo.

A veces Sierpe confía demasiado en su certeza pero no es consciente de que las habilidades de otros pueden ser reconocidas de la forma menos esperada.

La noche cae, el único sitio confortable es un establo de cabras. Sierpe se desliza en silencio hacia ese rincón que le permitirá comerse el trozo de pan del que pudo hacerse y guardar energías para seguir con el alba su camino hacia tierras distantes.

Alguien con igual cautela y sigilo se ha deslizado al mismo sitio, sin ser visto… cuando menos se lo espera la hechicera es apresada por la espalda y recuerda con claridad su sueño en la cueva que vigilaba Rowan:

 “Sentir los brazos y las piernas inmovilizados”

La mujer se esfuerza por zafarse del captor que al oído le dice:

— ¿Qué diablos haces aquí? Te he vigilado, robaste pan al tendero y ahora te encuentro escondida en este lugar.

Sierpe busca la forma de morderlo, pero con habilidad el varón amordaza su boca con su mano y le dice en voz queda:

— No vas a gritar, ¿Quieres que se den cuenta de que estamos aquí? Más te vale guardarte y decirme quién te ha mandado a este lugar.

Siempre se da cuenta que el hombre posiblemente se debe a un grupo y tiene que buscar la mejor forma de zafarse y eludirlo, ella sabe que hay  grupos de raptores, cazadores de hechiceras y hábiles estafadores dispuestos a vender cualquier información al mejor postor. 

El varón le retira la mano del rostro, esperando que ella le diga lo que él le ordenó, a lo que Sierpe contesta:

— No te voy a decir nada y si me quieres violar claro que voy a gritar y si no logro que me ayuden, completo no te vas de aquí.

El hombre la mira sorprendido y se ríe, no la suelta se acerca de nuevo a su oído y susurra:

— Tienes agallas, mujer

— ¡No voy a decirte nada, lárgate!

— No lo haré, eres hábil y eso es útil, te he seguido hace cinco días…

— ¡Ahora suéltame, o la cabra cumplirá mi orden!

El hombre sorprendido se da cuenta que detrás de él está una cabra que se pone de espaldas a él y levanta ambas patas traseras golpeando con fuerza el torso del confiado varón.  

La hechicera se incorpora y sacude la paja de sus faldas, se da cuenta que el hombre recibió un golpe en la sien y está prácticamente inconsciente, busca una cuerda y le ata de pies y manos con nudos certeros y bien hechos, al momento que dice:

“Otro que ahora sabe de qué estamos hechas”

Se retira con precaución del lugar y pese al frío intenso sigue su camino evitando los lugares concurridos.

Fotografía “La Trampa” de Ariadne Gallardo Figueroa

Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

Escribir es una de las actividades creativas más fascinantes que existe, indagar lo caminos de diferentes versiones, encontrar motivos para acrecentar el cauce de un relato y motivar a la lectura, es una gran motivación para todo el que escribe