Tomar las riendas del futuro, bajo los propios términos

Ave y Estrella ante la declaración de su maestro sienten que sus corazones se aceleraban, también había en su interior una mezcla de pánico, contrariedad y desasosiego, buscaban mirándose entre ellas ese aliento de felicidad que manifestaba el maestro, pero les costaba encontrarlo.

El hombre bajó los brazos y las miró con atención,  con esa mirada penetrante y firme que tenía y afirmó:

— No, por supuesto que no hicieron nada mal, jamás piensen eso; sus eslabones están unidos en primer lugar al anciano cuervo, el mensajero de Odín, entregó su sabiduría en el momento que era preciso.

Unidos en primer lugar al anciano cuervo, el mensajero de Odín

— Cada una de ustedes forma parte de un eslabón, las une en una conexión que no podrían entender, pero que está ahí. No importa la distancia, no importa el tiempo, tampoco el espacio.

Estrella hizo a un lado un mechón de su largo cabello gris para apuntar:

— ¿Cómo se manifiesta el destino en eso que dices maestro?

El hombre hizo una mueca asertiva  y de cuclillas miró de frente a Estrella y giró levemente su rostro  para ver si Ave le observaba también  y declaró con seriedad:

— Les diré un gran secreto y quiero que lo guarden en su corazón y su memoria con gran celo:

“El destino no está escrito. Los hombres que buscan un séquito, aquellos que reúnen a pueblos enteros bajo el amparo de un templo, todos los que pagan por protección, se deben al amo que marca el destino de su existencia”

Agregó tocando su densa barba:

— La única y poderosa certeza que tengo es que ninguna de ustedes, ni por amor, tampoco por poseer poder, caerán en ese juego engañoso. 

Ave, le preguntó:

— ¿No sientes incertidumbre por nuestras hermanas?

A lo que el maestro les contestó con una sonrisa:

— No está ninguna de ustedes hechas de mi carne, pero cada una aprendió de mi lo que necesitaba para valorar lo fundamental, con pleno conocimiento de que es muy probable que nunca pisaremos de nuevo el mismo espacio.

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