Los nombres de todas las hechiceras

Estrella y Ave, siguieron su camino las aves que revoloteaban en las copas de los árboles seguían siendo un distractor alegre para Ave, asunto que definitivamente la dotó de su nombre. Al respecto continuaron dialogando al respecto cada una de ellas en su travesía, alejadas del camino principal por donde cruzaban los caballos y los aldeanos llevando las cosechas de sus campos.

Continuaron dialogando al respecto cada una de ellas en su travesía, alejadas del camino principal

— Te aseguro Estrella que me sentí muy rara, deje de ser nombrada “muchacha o tú, ven acá”, a partir de ese momento fui Ave, acércate para esto o para lo otro.

— Te confieso que nosotras nos sentíamos menos, ya que todas recibimos la marca en nuestro rostro pero solo tú eras nombrada como Ave.

— Lo recuerdo Estrella, fue precisamente Sol la que se animó a preguntarle por que todas nosotras no teníamos nombre.

Ave detuvo un poco el paso para meditar en aquel momento que para ellas fue impresionante, se rascó la cabeza y exclamó:

— Fue sorpresiva la respuesta del maestro, sí lo recuerdo con mucha claridad cuando dijo con esa voz grave que el tiene:

“Ustedes no llevan el nombre de una herencia, ustedes son la herencia del mundo que las rodea y deben ser merecedoras del nombramiento, aquello que más las cautive, lo que las haga vibrar en forma distinta, le dará valor a su carácter y serán nombradas, la cadena las hermana al primer eslabón que ahora se llama Ave”

Estrella con la mirada fija en su hermana que mencionaba las palabras del maestro, asentó con la cabeza e interrogó:

— ¿Crees que en alguna otra parte del mundo la gente haga algo similar?

— No lo sabremos hasta que nos podamos mirar en los rostros de los otros y entender de qué están hechos.

Ambas se miraron y recordaron que el maestro era único, no se mezclaba con los clanes vecinales y el peor momento que todas ellas vivieron fue cuando vieron un rostro diferente al de ellas, en un hombre armado, un asesino.

Se abrazaron para darse fuerza y seguir su camino.

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Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

Estar en el momento del comentario y poder reaccionar es parte del encanto de escribir, indagar lo caminos de diferentes versiones y motivar a la lectura, es el regalo de todo el que escribe