Tu corazón es tu casa

Dos dragones acompañaban a la Luna de camino a Creta

Para Mantis su más grande amor siempre estaba dentro de ella misma, para el hombre que sufrió la perdida de su mujer y quedó con su hija Ariadna (Αριάδνα) en brazos, estaba dividido, una parte en la tierra que se disponían a abandonar con la ayuda de la hechicera y otra en la pequeña criatura que estuvo a punto de fallecer de no ser por el apoyo de Mantis.

Con un  paño la mujer colocó en el cuerpo de la pequeña algunas hojas tibias que ayudaron a aliviar sus moretones y el calor de aquellas hierbas, la conforto para recuperarse poco a poco; cuando ambos la vieron sonreír sintieron que la vida les cubría de una nueva esperanza, la vida se abría paso aún en las condiciones más complejas.

Con esa franqueza alegre que ella siempre tenía miró al hombre y le dijo: A todo esto, ¿Cuál es tu nombre?

— Anker, señora, ese es mi nombre.

— Bueno Anker, afuera hay una pequeña embarcación para revisar, debe soportar la fuerza de los mares. Por fortuna tu hija hoy nos ha regalado una bella sonrisa. Voy a llevarme lo que pueda servirnos para viajar ligero, en tres días será Luna llena, pero no podemos quedarnos en este sitio por más tiempo.

En poco tiempo las copas de los árboles estarán cubiertas de palomas, que intentarán que los caídos se levanten y su desesperación las agotará hasta que sean los buitres los que tomen lugar…

El hombre se rascó la cabeza y volteó  para mirarla antes de ir a revisar la pequeña barcaza y la interrogó:

— ¿Me puedes decir cómo es que entiendes a los pájaros?

— Te puedo enseñar, si el tiempo que estemos cerca pones atención, pero eso es de lo más fácil, solo necesita paciencia y observar:

Ellas, las palomas, se colocan en las ramas cerca del que no se mueve y su sonido es el mismo, no cambia: le-van-ta-te, le-van-ta-te, le-van-ta-te… Hace algún tiempo tuve en esta casa a un hombre muy enfermo, las palomas llegaban por la mañana y se quedaban varias horas haciendo  el mismo sonido, desesperadas por lograr lo que no sería posible.

Cuando el hombre falleció no volvieron, tampoco los buitres;  yo le di una adecuada despedida y lo sepulté. Ya no me preguntes más, al menos ahora ya sabes algo de las palomas, ve y haz lo que te pedí.

Cuando todo estuvo listo la mujer alzó en brazos a la pequeña Ariadna  (Αριάδνα) y siguieron el camino que los alejaba de la destrucción.

Al aparecer la Luna, Mantis notó con sorpresa que era custodiada por dos enormes bestias, recordó que durante las horas de la mañana, cuando Anker llegó a lo que fuera su casa, ella vio a otra, con las fauces abiertas, y dichas escenas se repitieron tres veces, durante el viaje; ahora dos bestias custodiaban  a la Luna (Φεγγάρι).

Recordó que solo los fuertes y hábiles logran sobrevivir,  tendrían que ser astutos y decididos para lograr salir adelante en tierras extrañas. Miró al hombre arrullando con ternura a su pequeña y se preguntó qué clase de ser humano sería.

Fotografía: “Los dragones que custodian a la luna” de Ariadne Gallardo Figueroa

Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

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