Ποσειδῶν, agitador de la tierra

La noche se convirtió en una tortuosa inquietud, Mantis se arropaba tratando de evitar el frío que calaba sus huesos, la copiosa lluvia no había cesado, su malestar aumentaba al no poder mirar el firmamento y conocer la posición de las estrellas, que era una de las charlas más tranquilizadoras y otras veces profundamente reveladoras con las  que podía contar. Miró a su compañera de todas las noches, la vela que había encendido solicitando algún resquicio de mensaje, por lo menos la mínima certeza de lo que esperaba:

Mantis observó con asombro la batalla de la bestialidad y la inteligencia, ligadas por la magia

Se percató de inmediato de una fuerte batalla en medio del agua de algún sitio lejano, un extraño sentimiento de amenaza existencial se apoderó de Mantis. Un pequeño espíritu acompañaba al fuego, esa luz de tonos celestes y  tenues de la vela casi a punto de extinguirse le mostró la cruenta batalla que se había encarnizado con las hechiceras en aquellas  tierras gélidas.

Observando la cera vio a dos seres indefinidos pero igualmente poderosos, uno de ellos poseía un gran ojo, el otro era un varón de gran estatura que sostenía un cordel entre sus manos; Mantis exclamó con asombro:

¡La batalla de la bestia y la inteligencia!

De pronto lo que quedaba de la diminuta llama de la vela se apagó y la tierra bajo sus pies comenzó a agitarse de forma brutal. El agitador de la tierra y los mares, con el poder para enloquecer y provocar convulsiones,  el poseedor todo lo que se mueve con ira, se hizo presente.

Historias que se transmiten desde épocas lejanas, que no sabemos en qué momento fueron pronunciadas por primera vez y el modo como fueron modelando colosales historias para justificar atrocidades y otras situaciones menos sorprendentes.

Mantis y sus hermanas de habilidades, viajeras y nómadas, ahuyentadas por los convencionalismos y forzadas a alejarse, deben haber cultivado no solo el arte de la magia, su talento para la apofenia les permitió crear un mundo que posiblemente no sería lo mismo y no habría permitido difundir en el tejido histórico esa sutil remembranza de mágicos hilos perdidos en el tiempo.

Fotografía: “El alquimista, la magia y la bestia” de Ariadne Gallardo Figueroa

Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

Estar en el momento del comentario y poder reaccionar es parte del encanto de escribir, indagar lo caminos de diferentes versiones y motivar a la lectura, es el regalo de todo el que escribe

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