Ahora conozco tu otro nombre, mujer

Balar se dio cuenta que aquella extraña reunión, se imponía. Comenzó a arrastrarse muy cerca del espejo de agua para sorprender al grupo y concluir su mortal tarea, fijando su único ojo para destruirlas.

La hechicera más experimentada se percató y reconoció su más grande debilidad, encontrando en ésta,  una enorme fortaleza, si miraba a Balar con su ojo ciego, lograría engañarlo pero no estaba sola.

De la nada,  frente a ella apareció un cordel de un extraño material maleable y resistente, algo único, brillaba delante de sí, producto de la magia del alquimista, Escuchó en su cabeza al manipulador de energías, quién lanzó un reclamo grave y poderoso con tal fuerza, al grado de crispar las venas del cuello de la mujer. Después de tres días de ayuno su capacidad física estaba en el límite de la desesperación, sin embargo el grito le permitió reunir las pocas fuerzas que aún le quedaban:

“¡Haz lo que tienes que hacer!”

El alquimista la observó sin que ella lograra mirarlo, había dos alternativas y él no sabía por cuál se decantaría la hechicera…

Ella  vio de inmediato el poder de un nudo protector. Tomó al vuelo aquella cinta y la enredó en la cabeza de Luna, tensó dos fuertes nudos y la aventó hacia la orilla.

Por segunda ocasión el fuego liberaría a su estirpe de la muerte

Saltó dentro del río, arremolinado por la rabia contenida, con  un grito desgarrador extendió sus brazos hacia Balar, las aguas empezaron a hervir, hojarasca crepitante a su alrededor y una llamarada arqueó el lomo de la bestia, herida se alejó del lugar.

El alquimista volvió a hablar esta vez entre el susurro de los árboles, al momento que Luna se retiraba la venda mágica de los ojos, buscando la presencia de aquel ser enigmático, sin lograr verlo, éste exclamó:

“Ahora conozco tu otro nombre, mujer, sigan su camino que el sello ha sido decretado”

Cuentan los más viejos, sin que a nadie le conste que Balar lleva en el lomo una quemadura, de la cual jamás ha dicho nada. Pocos saben de esta historia, hasta ahora.

Por mucho tiempo se pensó que la causa por la cual la luna se refleja en los ríos de aquellos parajes pero jamás toca el agua, era precisamente por la acción de la hechicera protectora que le impidió entrar.

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Fotografía “Su nombre es fuego protector” de la autora: Ariadne Gallardo Figueroa

Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

Estar en el momento del comentario y poder reaccionar es parte del encanto de escribir, indagar lo caminos de diferentes versiones y motivar a la lectura, es el regalo de todo el que escribe

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