Solo dos caminos: trascender o sucumbir

De pronto el silencio se apoderó de ese claro de bosque, incluso el riachuelo dejó de escucharse después de las impresionantes palabras de Rowan el árbol protector de la quinta hechicera; ésta hizo una inspiración profunda y habló con Luna:

— Debemos ayunar por tres días y tres noches, sólo tenemos permitido beber agua del río esmeralda al amanecer y en el ocaso, siempre con el cuenco de la mano izquierda…

— He imagino que con una reverencia y solicitando permiso, ¿Verdad?

— Seremos receptáculos de una información que nadie posee, querida Luna, no hay lugar para arrogancia.

Llegado el segundo día Luna empezó a quejarse de hambre, dolor de cabeza y la impaciencia la dominaba.

–¿Hermana cuánto falta para el ocaso? Muero de sed

— Despojate de todo lo visceral, de otra forma no lograremos el objetivo, todo lo que nos rodea debe ser anulado, debemos centrarnos en el alquimista, entregarle la mente en blanco, para que  nos haga la primera pregunta. Somos dos, debemos crear una sintonía; no puedo imponer nada sobre  tí, solo puedo guiarte.

— ¿Lo has visto antes, dime cómo es?

— No puedo su arte manipula las energías, posiblemente no sea lo mismo para ambas, desconozco eso, no puedo crearte una influencia previa, solo te pido paciencia.

El tercer día después del ocaso les invadió la poderosa fuerza de la Luna Nueva, una parvada de cuervos dirigiéndose a los árboles para resguardarse en  la noche les advirtió que Anzus disponía el escenario para abrir los mensajes, ambas mujeres se miraron agotadas y expectantes:

Te has preguntado alguna vez de lo que serías capaz por obtener información privilegiada que te sea dada por  tu perseverancia y paciencia.
Agotada y con la esperanza puesta en el ritual contestó: Soy la que soy

El graznar de cuervos se aquietó poco a poco, la hechiceras se concentraron en el latido de sus corazones para no pensar en nada, la hojarasca se movió con suavidad delante de ellas y una voz grave y firme lanzó la pregunta que solo escucharía una de ellas:

— ¿Quién me invoca?

— La que soy

— ¿Quién te acompaña?

— La que es

El silencio se apoderó de nuevo de todo el ambiente, Luna escuchaba con ojos implorantes e intuyo que el ritual había comenzado.

Fotografía: “La respuesta” de Ariadne Gallardo Figueroa

Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

Estar en el momento del comentario y poder reaccionar es parte del encanto de escribir, indagar lo caminos de diferentes versiones y motivar a la lectura, es el regalo de todo el que escribe

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