Salvarse al mirar a través del espejo

Ambas mujeres caminaron hacia el río donde podrían encontrar, de tener suerte, al alquimista; recolectaron unos frutos de los árboles del camino y se tomaron un descanso bajo la sombra de un bello cedro. 

Ambas mujeres comieron aquellos frutos que el bosque les brindó

— Entonces de acuerdo a lo que me has comentado el cazador exclamó tres afirmaciones, pero mencionó dos, antes de lanzarte aquella flecha, que se te enredó en el cabello.

— Te has fijado que cuando el miedo se atrapa de  tu ser, olvidas detalles que  posteriormente puedes recordar con alguna dificultad. Definitivamente lo que hizo el cazador fue señalar que tenía tiempo vigilando el lugar donde vivíamos con el maestro. Posiblemente no conocía la última respuesta.

— Eran palabras del maestro, la tercera es su premisa de vida, algo con los que podríamos ser condenadas, pero con lo cual lograríamos hacer la diferencia.

— Efectivamente. ¿Recuerdas el sueño que nos contó acerca de un hombre que se le apareció en sueños, en diferentes espacios con un rostro similar?

— Claro cómo olvidarlo,  después de esa noche, su actitud cambió, se volvió distraído, dejó de cantar cuando salía por la cosecha y todas nos dimos cuenta. Algo intuyó.

— Es bueno que seas tú Luna, la que se queda conmigo para ir al rió en busca del alquimista, tu intuición nos va a ayudar a descubrir muchas verdades ocultas. el destino nos ha unido para concluir esta parte del camino.

Luna miró fijamente a su compañera y exclamó:

— Él lo sabía, estuvo taciturno, no sabía cómo decirnos que nos alejamos del lugar, le costó mucho llegar a eso, espero al último momento.

— Ciertamente. Sabía que no había alternativa, él nos enseñó que el amor incondicional  no tiene cabida para el reproche, tal vez se sintió culpable por verse imposibilitado y dejarnos desprotegidas.

— Nunca nos dejó sin protección, nos enseño bien que llegaría el momento de ir por cuenta propia para poner en práctica todo lo que nos transmitió, él debe recordarlo. Aun cuando ha de pensar que sí lo volvemos a ver le reclamaremos su falta de corazón.

–Luna, no olvidemos esta conversación, todas somos el reflejo del maestro: ¡Qué el universo ilumine su camino!

Ambas mujeres comieron aquellos frutos que el bosque les brindó y sonrieron recordando bellos momentos.

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Nota de la autora Ariadne Gallardo Figueroa: https://lecturasdeary.com/2020/10/13/de-los-trazos-al-libro/

Recuerden que esto de escribir en blog nos coloca en la necesidad de ir armando los libros conforme escribimos, para quienes quieran seguir la secuencia les pido si no han entrado a ver el libro1 de Hechizo de Ave, lo hagan a través de QR que se encuentra ahí. Saludos y gracias por su interés en este relato.

Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

Estar en el momento del comentario y poder reaccionar es parte del encanto de escribir, indagar lo caminos de diferentes versiones y motivar a la lectura, es el regalo de todo el que escribe