λαμπάρα, el umbral se abre

Uno de tradicionales usos que se daba entre las adivinadoras en Grecia a las velas en los recintos era precisamente interpretar el futuro de sus comarcas a través de las señales que les entregaban las velas; tanto su luz como la cera derretida, entregaba un panorama claro a todas aquellas con el poder para entenderlo.

El camino de tormentas o desde un lago llegarían noticias

La griega que realizaba el ritual en el silencio de la oscuridad, entendió de forma precisa que hacia sus tierras se acercaba un grupo comandado por una poderosa mujer cuya experiencia le había permitido intuir el valor de una tradición que sería reconocida por generaciones posteriores.

Compartir experiencias con hechiceras de otras regiones, no era algo común, la mujer sintió que algo de gran valor estaba por nacer en su terruño, sin duda lo era, aún cuando ella no lo tenía claro; algo importante estaba por pasar y debía estar preparada para la llegada de las magas de la zona de los gélidos vientos.

De alguna forma la conexión estaba dada, el mundo que se percibe con los sentidos estaba apunto de permitirles mirar más allá de su propia realidad. Estar atenta a las señales, seguir estudiando los mensajes y guardar el secreto, formaría parte de la tarea de la mujer de aquella región que ahora se ha perdido en la inmensidad de los tiempos.

Nada por azaroso que parezca nos limita para creer que la humanidad lleva tiempo creando conexiones sensoriales que nos han permitido formar una urdimbre y trama fascinantes , cuyo tejido social es conocido por todos como historia.

Fotografía: El camino en la cera de Ariadne Gallardo

La Ceromancia, del griego: “keros”, cera, y “manteia”, adivinación

Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

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