El emblemático símbolo de los viajes astrales

Llegar a la meta requería de un ritual, de un momento de serenidad en las profundidades de la cueva donde aún se encontraban algunas de las hechiceras; el ritual lunar implicaba  compenetrar a todas ellas  con la sabiduría del tiempo y sus augurios.

Mirar e interiorizar en la noche los momentos claves, aquellos que en ráfagaz iluminaran el entiendimiento de cada una de ellas, era una necesidad imperiosa, muchas de las hechiceras  se habían ilusionado con viajes maravillosos, donde encontrarán momentos de gloria, multitudes ante ellas abriendoles los brazos, reconociendo su poder,  sin embargo la realidad era otra, un constante y  difícil trayecto, como el que atravesaba su hermana en custodia de la serpiente.

Sin poder huir de las crueldades del mundo que desconocían, sin poder clamar a los dioses por salvar sus ropajes mágicos, en tierra de nadie, en avance al encuentro de tesoros ocultos y misteriosos amuletos, el mundo exterior las enfrentaba a doblegarse o ser determinadas y continuar pese al acecho mortal.

De lo profundo de aquella impresionante cavidad geológica, un desbordante aleteo las sorprendió: miles de alas oscuras brillaban bajo el fino rayo de luna que las acompañaba. Entonces comprendieron que la señal se había dado: Los sueños intuitivos serían el descanso a todas sus inquietudes, ayuda en los momentos de tragedia, de peligro y sanación que habrían de comunicarse entre ellas, los viajes interiores y astrales estaban protegidos a partir de ese emblemático momento.

El murciélago como símbolo de la intuición

En la mente de cada una de ellas resonó el clamor de la hechicera líder: ¡Jamás olviden estar atentas, toda debilidad la detecta este tótem que ahora nos ayuda, puede dejarlas perdidas en el camino si no las considera aptas para seguir adelante, cuidado, deben ser dignas de sus enseñanzas!

Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

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