La marca del cincel

Posiblemente ninguna de las hechiceras hubiera imaginado a un hombre pájaro o a una efigie mágica, la mera intuición las llevó a recorrer parajes jamás visitados por alguna de ellas , era necesario observar el cielo y fiarse del llamado de las estrellas fijas y sus diferentes posiciones para encontrar un asidero que las llevara a un nuevo encuentro, ese donde otro grupo, con otro lenguaje y diferentes formas de contemplar el mundo estuviera realizando encantamientos y empoderando al cielo y sus vínculos con el universo.

El arduo trabajo bajo los rayos solares construye la magia

Un nuevo encuentro con 8 estrellas fijas que son observadas con delicada entrega: A fuerza de marcas de cincel, hendiduras bien pensadas se fueron dibujando en la fiera roca las historias de un pueblo lejano, perdido en las tormentas de arena que no por ello doblegaron su esfuerzo por venerar al cielo y su fuerza.

Hay un guardián de nombre Thot, lo custodian cuatro ranas, cada una de ellas simboliza la resurrección, esa metamorfosis necesaria para alcanzar un nuevo plano de conciencia;  y cuatro gatas, que son las guardianas de la luz solar, protectoras del ascenso del alma.

Ante la visión de asuntos tan impredecibles las brujas Wicca comprenden que el mundo está cubierto de misteriosos caudales de conocimiento y que todos ellos florecen en los ciclos naturales.

Le corresponderá a los Hijos de Apep, La serpiente sagrada resolver enigmas con astucia y para tal caso a la hechicera que protege la serpiente le fue otorgado el camino hacia ese mundo inhóspito. Ellas sabían que tambien estaba la fuerza de un halcón y la alertaron, su viaje a oriente sería difícil y tendría que ser cauta en cada paso.

Fotografía de La mirada y el cincel de Ariadne Gallardo

Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

Estar en el momento del comentario y poder reaccionar es parte del encanto de escribir, indagar lo caminos de diferentes versiones y motivar a la lectura, es el regalo de todo el que escribe