Huyendo a contra viento

¡Huye abandona a la yegua, él nos observa!

Sigo agazapada, la aurora alerta a los alados animales que comienzan la estampida normal, como si el día fuera sólo para disfrutarse, es el momento para desaparecer, a lo lejos se mueve la yerba, es ella montando una yegua, ¡Cuán estúpida es la ignorancia ante el peligro!

Me pide de lejos que la siga, tan sólo con mirarnos nos damos cuenta, ambas ahora estamos en peligro, desmonta y golpea con fuerza las ancas del corcel amigo de muchas rondas y viajes. Observamos su galope con los nervios crispados, el cazador sólo ve una montura ausente.

A lo lejos observa al árbol de la confianza, Deben llegar hasta ahí para tomar la bifurcación y eludir al rabioso cazador. las fuerzas se agotan, el tiempo tambíen; correr o morir. Una de ellas logra rodear al añejo cedro y observar con dolor el cuerpo herido de su compañera, quien entre la hojarasca le suplica siga, se pierda y no mire hacia atrás.

En la alforja están los huesos de la ballena marcados por la sangre de la primera, hoy parece otra dadora de magia, otra ingobernable hechicera.

Publicado por

Ariadne Gallardo

Estar en el momento del comentario y poder reaccionar es parte del encanto de escribir, indagar lo caminos de diferentes versiones y motivar a la lectura, es el regalo de todo el que escribe