Hechizo de ave

Escondida entre las ramas cerca de un árbol

El viento trae hasta mi el agrio aroma del sudor del hombre que nos persigue, no puedo moverme hasta el amanecer, todas las aves que se encuentran en las ramas del árbol saldrían en estampida al más leve movimiento.

La dirección del viento me favorece, igual el excremento de las aves, ocultan el olor de mi miedo; no es lo mismo el aroma del cuerpo después de un día de faena productiva o entrega placentera, que aquel que emana de un ser aterrorizado.

Somos su carnada, todo cuanto hemos descubierto pone en peligro su nueva maniobra de caza; muchas lo saben pero se arriesgan, cada táctica expuesta, resulta adorable, hasta que tienes frente a ti al humano que gobierna los actos y decide por tu vida.

A más de uno hemos hechizado, de cazadores se han convertido en presas pero no siempre es posible, no siempre conviene. Nuestra arma no roba la vida de nadie, transforma a los que se reconocen en ella, les da aliento para celebrar el dulce asombro de la vida, pero ellos necesitan carne de doncellas y a nosotras muertas.

Publicado por

Ariadne Gallardo

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