Cuando comprendemos que no se puede hacer nada

El ruido de los motores impedía descansar, la gente estaba afuera de las tiendas; el frío calaba los huesos y nada podía remediar el dolor que los propios intereses humanos habían provocado. ¡Cuanta crueldad sostenemos entre las manos! Lo más triste es que nada se puede hacer mientras el ser humanos este determinado a utilizar un arma y usarla de escudo para defender una ideología, para sostener una creencia.

Vivir en medio de la tormenta

Un hombre de uniforme asoma de una de las carpas improvisadas, observando el escenario que se presenta ante sus ojos, reconoce que no tiene conexión y mucho menos contacto con toda esa gente, tampoco habla su idioma… No entiende qué haría él de haber nacido en ese territorio del mundo, levanta la mirada hacia el horizonte y la franja de muchedumbre se extiende por varios kilómetros; estremece al más esquivo e indomable; con apenas algo de ropa para cubrirse en esas noches de -5 grados bajo cero el desaliento se convierte en una rutina que cansa después de varios meses.

Comprendemos que no se puede hacer nada, nos ha rebasado la realidad y el dolor, la humanidad se ha empeñado en ver demasiados beneficios en la guerra y ninguna ventaja en evitarla… ¿De qué depende cambiar todo esto? Cuando hay tantas creencias que fundamentan sus normas y no coinciden con las de otros y eso les impide entenderse como humanos, a lo largo de la historia las más cruentas batallas han sido por creencias religiosas… Intereses creados por el comercio entre aliados; ganar territorios para mantener una vía de acceso que impida la entrada a los enemigos…Valga a manera de conclusión esta frase:

La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen, para provecho de gentes que si se conocen pero que no se masacran. Paul Valéry

Publicado por

Ariadne Gallardo

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